GABRIEL GIGNONE 37000 KM RECORRIDOS EN SOLITARIO


Amigos, en esta entrada pueden leer
 la historia del viaje de principio a fín, para evitar confusiones con las entradas antiguas. Muy pronto agregaré el resto de la aventura, gracias.

Sudamérica en Moto
"De la mitad del mundo, al fin del mundo" 
Viaje realizado de 2007 al 2008
©Gabriel Gignone All Rights Reserved


Hola a todos!!! 
Bueno, ya quedan pocos días para partir y estoy en los últimos preparativos, uff!, entre estos quitarme la muela de juicio que me tiene loco, prefiero hacerlo antes de partir para que no moleste en el viaje. grrr!.
 Quiero agradecer a todos los que me escribieron y me invitaron a visitarles, haré lo posible por conocerles, claro que si visitara a todos me tocaría dar la vuelta al mundo jejeje . También a los que votaron por el logo. (Acorté el tiempo de votación para dejar ya lista esta cuestión...)
 Quiero pedir que si ven en el camino a los chicos Franglais-riders por favor les apoyen en lo que puedan, ellos están bajando hasta el fin del mundo, son geniales. (enlace a la derecha) Me despido hasta dentro de unas semanas cuando coloque un par de fotos de la salida y les cuente que tal. :) :) :) Un abrazo a todos.




©MBTB/Foto de la llegada

El polvo de los caminos y mis escritos

El polvo de los caminos cubrirá nuevamente mis pies... y mis ruedas.
 El viernes 31 por la tarde saldré hacia la mitad del mundo, la que se encuentra en Guachalá. Queda al norte de Quito a unos 60 km. Armada de carpa y asado. Despedidas, abrazos y lágrimas para salir el sábado con la frescura de la mañana desde este punto exacto hacia el sur pero ya sin pasar por Quito sino rodeándolo.
 Mis seres queridos me acompañarán en caravana unos km hasta yo despedirme finalmente. Las primeras sensaciones estarán a la mano. Los que han hecho viajes largos saben de lo que hablo. Físicamente los primeros dolores de espalda y pequeñas incomodidades pasajeras. Mentalmente, pasajeras incertidumbres de frontera y demás pavadas derivadas de una vida sedentaria. Espiritualmente, las emociones estarán a flor de piel y serán realmente indescriptibles como siempre.
  Viajar, viajar, viajar, no hay mejor cosa y si me quieren envidiar, háganlo que no me voy a enojar, je je je. En estos días, habilitaré el enlace a mis escritos para que se diviertan, hasta que me den tiempo de actualizar el blog y colocar las fotos mientras esté viajando. Todo depende del Internet que encuentre en el camino.
 Olvidaos de la gramática u ortografía, mi corrector y editor también se irán de viaje :) :) :). Gracias nuevamente a todos los que se están comunicando conmigo. Si todavía no te respondí, ya mismo te escribo.
 Casi me olvido, la muela ya no viajará conmigo...yupi, solo viajaré contigo...!




©MBTB/Foto de la llegada

Calentando Motores

Hola amigos,
 Está lista la prueba de equipaje. Odio todo lo que sea equipaje, je. Cantidad de cosas para un largo largo viaje. Después de tener casi todo listo descarté algunas cosas. Espero tener tiempo de colocar la lista.
 Para responder a todos los que me preguntan si llevo GPS, pues no, no entró en el presupuesto así como otras cosas. Solo una brújula para guiarme en el salar y demás pasos difíciles a cruzar. En una de las fotos aparece un aparato que parece un GPS, pero en realidad, es solo un reloj con termómetro que le arranqué a una caja portalápices jajaja. El soporte de las alforjas son dos tiras de aluminio que le saqué a la mochila y adapté a la moto. Iba a mandar a hacer las alforjas de metal pero me salían muy caras, las hice en lona y a un buen precio :)
 Con respecto al tema del casco pues les diré que me iré con mi casquito al cual me acostumbré. Nunca usé un casco cerrado y tampoco da el presupuesto para otro. El tema de los repuestos es otra odisea pues no hay por ningún lado. Llevo algunas cosas de aquí, pero no todas, pues después de tanto esperar no llegó el pistón que necesitaba. Los rumores en Rusia son que la fabrica está a punto de cerrar así que será dura la cuestión. La araña colorida "sujeta-todo" jejeje la armé con elásticos sueltos. El sobre súper impermeable para el mapa con plásticos simples para hojas carpeta. La maletita que está detrás de la moto era de unos maquillajes. La botella negra para el agua "toma-todo" y soporte de aluminio de la bicicleta de mi amigo lucho. etc, etc, etc.
 Pues sí, no es viaje de lujo, es a lo gaucho jejeje.




©MBTB/Foto de la llegada

Saliendo

Hola amigos!!!
 Finalmente salí desde Quito el viernes por la tarde, no sin antes comer unas buenas empanadas paraguayas en el local de unos amigos. La salida de la ciudad fue como siempre, esquivando el tráfico y haciendo piruetas para pasar. Llegamos a la mitad del mundo y se organizo el campamento, carpa, fuego, asado, mates, fotos, risas y lagrimas. Armé la carpa detrás de la casa de Osvaldito quien amablemente me ofreció el lugar.
 Quiero agradecerle a él y a sus papás por la atención recibida, gracias por el desayuno y los cafés ofrecidos. El sábado a las 11 después de las fotos de rigor, partí rumbo sur. Gracias también a Quitsato por dejarme ingresar la moto a la parte donde esta el tubo gigante, chévere privilegio jeje.
 Inicié el recorrido tranquilo cosa de no pegarme el palo apenas empezar, bajo algunas gotas de lluvia, ¿tipo bendición? o … jeje. Bueno, después de pasar por el este de Quito encaré el sector del Volcán Cotopaxi, muy muy frío y vientos fuertísimos, camiones intimidantes y ruta mojada. La Rusa iba como por Rusia, no por el volcán sino por el friiio. Se portó muy bien y parece que le va a gustar esta aventura. Horas después pasaba por el sector del volcán Chimborazo, más frío, más alto y más peligroso que el del Cotopaxi. Realmente me c.. de frio. Según el termómetro había 6 grados, claro arriba de la moto haría unos…¿? brrr
 Teníamos que llegar a Riobamba por la tarde pero se nos hizo la noche. Me prometí no manejar de noche por obvias razones, pero debíamos llegar a la casa de un amigo de una amiga.
Manejar en Ecuador de noche es cosa seria. No existen líneas en las carreteras, ni luces de ningún tipo en varios sectores, a esto súmenle los interminables pozos, lomos y demás cosas inesperadas en una ruta.
 El amigo de una amiga finalmente no pudo recibirnos, pues tuvo una emergencia, pero dejó pagando una habitación en el hermoso hostal Abraspungo. Gracias señor Córdoba por la cortesía es usted realmente un caballero. El hostal de maravillas, la ducha fue una bendición y la cama ni les cuento.
La señora propietaria del Abraspungo nos brindó una noche gratis en este excelente hotel. Mil gracias señora Valdivieso. La Rusa va bien, algunos ruiditos por aquí y por allá y unos ajustes ya realizados en ruta conforman los primeros km.
 Bueno amigos esto es solo un adelanto pues ya estoy saliendo rumbo a Cuenca. En los próximos días les estaré contando mas sobre este viajecito, jeje. No se olviden de visitar la galería fotográfica para ver más imágenes.
Gracias Julie, Misón, Belén, Sara, Marcia, Alexander, y a tooodos, que si los nombro no termino nunca.
Un abrazo a todos.




©MBTB/Foto de la llegada

Y vamos pa-delante

... Hola Amigooos!!!
Les escribo desde Loja, Ecuador, a solo 200km de la frontera con Perú. Resfriado, engripado y con polvo hasta las muelas, pero feliz de seguir en ruta por estos hermosos e inhóspitos parajes andinos.
 Pues bien, luego de despedirme de los copilotos enfile rumbo Cuenca. Un amigo me esperaba en una cafetería, no precisamente bebiendo café, eso yo lo sabía, así que viajé disfrutando los hermosos paisajes que separan Riobamba de Cuenca y sacando un par de fotitos. El camino en esta zona es bastante bueno. Pocos huecos pero claro está, bien profundos. A mitad de camino comenzó la destrucción total de lo que se considera una decente ruta jajaja.
El conducir por una ruta así, eso es lo divertido. Izquierda derecha, derecha izquierda, pozo a las doce, piedra a las once polvo en vez de aire jejeje, camiones embistiendo tus sentidos, vacas locas por doquier, etc, etc, etc. Esto si es andar en ruta!!! Y enfilando al fin del mundo. Que más puedo pedir?
Llegué a Cuenca con los últimos rayos de sol. Mi amigo salió de la cafetería a recibirme y en pocos minutos me puso al tanto de todas las novedades. Entre éstas, que no podía guardar la moto donde él, por razones totalmente comprensibles. Me dirigí entonces al hospedaje Rio Piedra donde me permitieron guardar la moto en su cafetería. Imagino las caras de los clientes desayunando junto a una moto llena de polvo y apestando a gasolina y aceite, gracias chicos de Rio Piedra ojalá hubiera sucursales por todas partes y clones de ustedes para seguir conversando.
 Pensaba continuar viaje al día siguiente. Sí, yo pensaba. Pero mi amigo Héctor Dahúr (él recorrió a caballo desde Madariaga, Buenos Aires, hasta New York en 3 años y medio) y Michael de origen Vasco, insistieron en que debía compartir con ellos un par de tragos. Dada su insistencia acepté, un jugo de piña (ananá), y de nuevo otro de piña también. Ya eran las doce y yo con el casco en la mano me dormía. Ellos propusieron ir a otro lado y yo no podía negarme, así que la noche terminó como a las 4.30 o 3.30 o 5.50, ¿quién sabe? Claro está que ya no con juguito de piña.
 Aproveché la estancia y lleve a la Rusa a una revisión, quería asegurarme el origen de los ruiditos. En ruta es muy difícil identificarlos a altas velocidades, que es cuando me aparecen, bueno, me aparecían. En el taller me permitieron dejar la moto unos días más para guardarla, ya que tenía una invitación para visitar una espectacular hacienda.
 Esteban fue quien puntualmente llegó a buscarnos a Michael y a mí para pasear en su tierra. Esteban es de esas personas que da mucho gusto conocer, tiene un gran corazón. El me propuso, la segunda noche de estar en Cuenca, el cumplir uno de mis grandes sueños, volar. Volar en uno de esos pequeñitos aparatos donde caben dos personas, no recuerdo el nombre pero son muy, muy pequeños y vas al aire libre. Esto significaba quedarme la semana completa tomando el riesgo de que las condiciones climáticas sean desfavorables y mi espera trunca. Acepté el riesgo como es normal en mí.
  El pequeño aparato no se estrelló, las condiciones eran excelentes, el único problema fue que no logramos despegar. Resulta que la esposa del piloto tuvo un mal presagio e insistió al marido que ese día no volara. Por lo que se, ella nunca limita a su marido pues este vuela hasta con su pequeño hijo, en fin, no era mi hora, gracias Esteban cuando vuelva lo lograremos y suerte con tus cosas.
En vista de la semana de espera, Belén y Julie (mi hermana gringa) viajaron en 4x4 de Quito a Cuenca para estar conmigo unos días. La pasamos muy bien, nos prestaron un pent-house muy lindo en el edificio más alto de la ciudad, si se imaginan la vista, pues imagínense también el yacusi en el cuarto y la cascada artificial de dos metros en la sala… muy lindo.
 Fernandito, quien es el hijo de la propietaria, nos atendió de maravillas, el tiene 19 años y planea ser presidente, suerte con tu camino. Todo perfecto hasta que la última noche ya listo para descansar me ataca una gripe como nunca en mi vida, dolores espantosos hasta en los rincones más inesperados, la cabeza me explotaba y así estuve toda la noche casi sin dormir.
Ay, ay, ay, ja ja ja.




©MBTB

A punto de frontera

Salida de Cuenca a la 6 de la mañana.
 El cerebro me salía por las orejas y el cuerpo en despojo, partí a buscar la moto que estaba descansando en una casa aparte, encendió de una sin problemas, cargué el equipaje y me despedí de Belén y Julie. Parecía como si me hubieran dado golpes toda la noche, quería seguir durmiendo así que conduje una tres horas seguidas hasta encontrar un lugar perfecto para acampar.
Hacia mucho frio en estas alturas, por suerte llegué a un cañón bastante profundo donde la temperatura era más templada. Paré la moto a unos metro de la ruta y saque la base del saco de dormir, no tenía fuerzas ni para armar la carpa jeje. Me tiré al lado de mi Rusa y quedé frito por un par de horas, hasta que una fina lluvia comenzó a golpear mi rostro con fuerza.
Me levante como a quien se le queman las papas y armé la carpa en un par de minutos, en medio de oídos tapados, músculos revelados y cerebro embotado. Ya lista la cuestión me saqué las botas militares y las puse a un lado, haaaaa que placer.
 La Rusa quedó a un lado de la carpa fuera de mi ángulo de visión., así que decidí correrla más al frente de la salida de la carpa. Craso error hacerlo con las patas al aire jaja, con el apuro y el embole, olvidé despejar el perímetro circundante de la carpa. Mientras este piloto trataba de empujar la moto en ese terreno arenoso, siento como debajo de mi pié derecho, un altivo y prepotente clavo oxidado de unos 6 centímetros, ingresa sin permiso a mi delicado piececito jajaja. Alcancé a retirar el pie a tiempo, sin que pase a mayores, solo ingresó su horrenda punta sacándome un poco de sangre. Si, yo se, que boluuuudo jajaja. Un poco de alcohol un tabaco a pesar del estado y a dormir. Hubiera caído un meteoro a mi puerta y no le hubiera sentido, dormí todo el día, toda la noche y toda la mañana del siguiente día.
 Finalmente, me levanté más o menos al 35% de energía, el pie sangró un poco durante la noche pero se salvó de la grande, levante campamento y continué viaje dispuesto a llegar a Loja ese mismo día. Salir del cañón costó un poco ya que la subida era difícil pero pasito a pasito le ganamos.
Paré en la próxima gasolinera y al lado de la misma había una señora indígena cocinando un caldo sopa espectacular. Me vendió un par de platos por muy pocas monedas y me renovó el espíritu. Mientras yo comía cruzamos muy pocas palabras, ella era muy tímida y retraída. Pasaba la escoba detrás mío a unos cuatro metros y en silencio, hasta que interrumpió su vaivén con una pregunta que me dejo la sopa atrancada, entre la segunda muela y el estomago suplicante.
¿Sabe usted si vive gente allá en los otros planetas, en ese otro planeta?
Puesss, para mi sí, le contesté, pero no está probado, dicen que la gente necesita ver para creer y otros creer para ver, y usted ¿Qué opina? le pregunté con énfasis. Me miro sin miedo y dijo: yo creo que si, que debe haber.
Ahí no más le indague si veía cosas extrañas en la zona, y pues si, que veía luces de aquiii pa alllaaa, de un lado a otro y paseándose por todos lados. Después quedé pensando porqué me salió con tal pregunta y de la nada. ¿Sería mi aspecto encuerado hasta los dientes y como aparecido de la nada o quizás ella vio alguna vez algo parecido bajar de tales luces, jajaja, ya me imagino a los moteros extraterrestres, que los hay lo hay jajaja.
 Bueno, seguí viaje con mucho ánimo después de esta charla. En un horizonte esquivo entre imponentes montañas, la neblina se hizo presente con toda su furia, a la cual le siguió una copiosa lluvia y zonas de deslaves. Paré, me puse el supuesto impermeable made in usa y continúe confiado en no mojarme. Pedazo de ingenuo jajaja, el impermeable se hizo jirones en solo unos km, comencé a sentir el agua ingresando a las botas, los guantes y las bolas. Que friiiiooo. Ya no podía parar pues no había ningún refugio, ni tinglado, ni nada parecido, así que continué manejando unas cuatro horas bajo agua. No, perdón, en el agua, entre el agua, bajo el agua, viva el agua!!!
 Ya empezaba a oscurecer y no encontraba lugar para acampar, hasta que vi un techito al lado de una caseta de una virgen o santo, no se bien pues estaba con candado y la estatuilla tapada con un plástico sucio. El techo este se veía bueno y hasta había unas pocas ramas secas para hacer un fuego. El tema era poder pasar la moto de la ruta hasta ese techo, había esta canaleta profunda para el agua al costado de toda el camino y debía sortearlo a como de lugar.
Me bajé y comencé a buscar piedras como quien busca oro, en cuatro patas bajo lluvia y tiritando de frío. Logré hacer un pequeño puente y me embalé con la Rusa. Le dije rusita, es hora de que te luzcas, o pasamos o nos … Pasamos, pero lo gracioso fue que con la moto semi parada, le empujo para curvar un poco e ingresar debajo del techo, se me inclina un poco hacia la izquierda y con el peso y el lodazal, nos caímos jeje.
Mientras intentaba ,totalmente en vano, pararla, me mataba de la risa. A las puertas del refugio y el deseado fuego hacíamos el papelón jajaja. Justo en ese momento un paisano de a caballo pasaba por el lugar, me grita si estaba bien y corrió a la ayuda. La paramos y el amable señor siguió viaje. Al rato fuego pa secar todo, botas, guantes, medias, todo todo . Mate de por medio, carpa armada y aparece otro paisano de acaballo y luego otro más, a invitarme a sus casas a pasar la noche y comer algo. Me fue imposible aceptar la invitación, desarmar todo y sacar la Rusa de ahí era obra titánica, para la próxima!!
 La noche fue de unos vientos rugientes increíbles, bajo ese techo custodiado por dos paredes naturales de montaña y paredes de la caseta del santo, hacia unos diez grados, en la carpa 12 y dentro del saco de dormir unos 26 grados. Estimo en gran manera a mi saco de dormir, me hace transpirar. Mañana siguiente parto ya sin lluvia pero con vientos huracanados que casi me tiran un par de veces al acomodar las cosas en la moto. En el camino me encontré con dos ciclistas que venían del Brasil luego de estar un año pedaleando ufff. Luego me encuentro con dos suizos en moto rumbo a quito.
 Llego a Loja finalmente con poco trafico y algunos huecos, justo a un par de km iba en bajada y se veía bien así que le di no más, casi me hago trizas, era como entrar en una copa y justo a la salida había un no se que, que me saco literalmente volando para aterrizar unos metros más allá y derrapando. Entré a Loja y comencé a ver muchísimos militares y policías. Los militares casi todos me saludaron al verme, y eso que yo iba con mi pasamontañas negro tipo ya saben.
Bueno amigo esto es todo por ahora, me voy a dormir y espero comunicarme pronto. Visten la galería fotográfica y si tienen sugerencias para fotos o textos no duden en avisarme, este blog es de todos, un abrazo.


©MBTB/Foto de la llegada




Perú

Mis amigos, Finalmente logro conectarme, esperen noticias mañana... puse más fotos.
Pues bien amigos, les sigo contando. Todo va de maravillas y dentro de lo previsto, bueno, no todo jeje.
Saliendo de Loja enfilé rumbo a la frontera, con prácticamente cero tráfico pero mil huecos. Cientos de curvas cerradas, para arriba y para abajo, pa un lado y pa el otro, encontrándome siempre a los huecos en plena curva.
En el camino me quedaba poca gasolina “súper” en el tanque y los bidones vacíos. Me paré a llenar pero el de la gasolinera no quiso venderme en los bidones y tampoco quiso venderme aceite dos tiempos que tenía exhibidos en un estante, raro, seguí viaje y más adelante paré en una Puma. Me vendieron en los bidones, en el tanque, el aceite, me regalaron cerveza, galletas, malta, comida, sonrisas y campamento en plena gasolinera. También quisieron darme dinero el cual no acepté. Tomé cerveza con un militar y me contó su historia, todo esto en Cariamanga.
 Llegué a la frontera sin inconvenientes e hice cambio de dinero en el pueblo antes de cruzar. Los señores de los maletines siempre prestos a cambiar. El cruce de frontera fue ejemplar. Todos súper amables, hasta me prestaron la oficina del jefe para llenar los papeles de aduana, y eso que iba con la banderita ecuatoriana puesta en la moto. Se despidieron todos dándome la mano y deseándome buen viaje.
 Así, encaré vía Sullana y Piura y conduje hasta el desierto de Sechura donde acampé, no sin antes enterrarme con la Rusa. La Rusa durmió enterrada hasta el alba siguiente, logré sacarla con poco esfuerzo.
De ahí nos fuimos hasta otro desierto y después a otro más. Full arena. Vientos terribles procedentes del Pacífico hacían que la conducción sea de forma inclinada. Por más empeño que pusiera en enderezar la moto, ella iba de lado hasta que se cruzaban los vientos del pacifico con ráfagas andinas. Ahí parecía que un boxeador no ponía un golpe de lado, un fuerte sacudón y se ponía del otro lado. Nunca me había pasado esto, es muy divertido y también peligroso.
En un momento, en la ruta me atrapaba la noche y no había donde acampar, bueno en realidad si había donde, el problema era pasar de la ruta al desierto. Encontré una entrada y me mandé unos kilómetros adentro para acampar seguro.
Al primer Km. muerdo el polvo y salgo volando. Caí en la arena sin golpes. Levanto a la Rusa y continuamos, cuando no habíamos hecho otro Km. vuelvo a morder el polvo y se me salen las monedas (soles) y caen enterrándose en la arena brrrrr. Armo carpa con los últimos rayos del sol. Clavo las estacas con dificultad por el viento. Me doy vuelta para agarrar el equipaje y meterlo en la carpa cuando una súper ráfaga, nada “Pacífica”, arranca las estacas y la carpa sale volando a toda velocidad como ovni que va abduciendo. Corrí como treinta metros como loco detrás de la carpa-ovni, cada vez que iba a agarrarla se iba más lejos. Por un momento pensé que jamás la recuperaría. Cuando la alcancé, imagínense mi felicidad jajaja.
 Hasta ahora he pasado por lluvia, niebla, solazos, asfalto, ripio, arena, tierra, y atravesé un pequeño torbellino de polvo. En ruta se me cruzaron vacas, burros, cabras y cabrones jajaja, también gallinas y perros.
 Algo que me parece espectacular en las rutas, es cuando los aguiluchos se mantienen estacionarios, sobre la ruta, a unos diez metros de altura haciendo gala de su increíble capacidad de planeo estático, o algo así, parecen congelados en el aire. Cuando paso por debajo, ellos se dejan arrastrar por un ala y acompañan unos metros mi trayecto, es algo glorioso. Otra buena es ir un par de horas conduciendo viento en contra con el bramido ensordecedor en mis oídos, debido por un lado a mi casquito y por otro a la velocidad, y parar de repente en cualquier lugar y ser absorbido por los suaves sonidos de la naturaleza. Esto es como ser un meteorito y caer de pronto en medio de un desierto silencioso e indiferente jajaja, me encanta.


©MBTB/Foto de la llegada


Volando en el "Cañón del Pato"

 Ingresé a la ruta que lleva al Cañón del Pato vía Santa, unos 60 km de asfalto perfecto y suaves curvas. Paisajes hermosos, sin tráfico y con un clima templado perfecto. Así hasta Chuquicara donde el perfecto asfalto de pronto y sin aviso, se convierte en el peor de los caminos imaginables. Un río de piedras más que un camino. Rocas filosas como cuchillos, cruzadas, salidas, amenazantes. Realmente pensé que las gomas no iban a aguantar, no llevo repuesto así que pensé que quizás, si ocurría, la única solución sería llenar la rueda de tierra y rodearla con cinta adhesiva, jajaja, me río pero realmente la pensé jajaja.
Encaré con confianza y a los pocos metros de haber ingresado a este camino fatal, ya estaba bailando de un lado a otro. Saltando sin parar como si estuviera en una licuadora. Pensé seriamente en que la Rusa se desarmaría. Me puse la faja pero igual mis tripas eran un revoltijo. Cien metros más allá y el espejo se aflojó, perdí una botella con agua, y tenia polvo hasta en las pe…stañas.
La temperatura aumentaba a medida que avanzaba, llegó a los 33 grados y era insoportable. Continué maravillado por la presencia de los paisajes andinos durante unos 70 Km. de pura piedra, no se cuantas horas tarde en recorrer esto pues estaba tan atento al desastroso camino, que no miré ni hora ni Km., ni gasolina ni nada. Este sector requiere toda la atención, para no reventar las ruedas o salir volando al cañón, donde jamás me encontrarían.
 Después de salir de esta zona, en realidad de la peor parte, el camino mejoró considerablemente. Justo cuando empezaba a disfrutar de un mejor sendero, muerdo un borde de arena y ahí mismo me caigo. Me costó levantar a la Rusa, sin darme cuenta ya estaba agotado. Seguí conduciendo y la noche amenazaba, iba lento y sin apuro con la idea de acampar por ahí mismo, hasta que muerdo otro borde de arena y creo había una roca escondida porque la Rusa se desbocó y yo salí volando cual superman por los aires andinos. Mis piernas pasaron por arriba de mi cabeza en una vuelta espectacular. Mientras iba por los aires tuve tiempo de darme cuenta que estaba a punto de hacerme pedazos. Cuatro metros más allá aterricé con todo el peso de mi cuerpo y cansancio y de espaldas, sobre unas rocas.
Un piedra en especial, y no supe después cual de todas fue, hizo de blanco para recibir justito el hueso de mi columna, y otra de mi codo y otras más de otras tantas partes. Sentí los puntazos de dolor por todo el cuerpo, ahí quedé unos segundos tirado en el polvo bajo unos 33 grados de calor, cansado, hambriento y golpeado. Miré el cielo azul durante un momento y me levante de un salto con la adrenalina todavía haciendo efecto. Verifique mi lamentable estado jajaja, y comprobé que estaba bien, solo magullado. Miré a la Rusa y vi a la pobre como si la hubiera embestido un toro.
Vidrio de foco delantero hecho añicos, faro izquierdo roto, pedales doblados, barra frontal doblada, chorreaduras de gasolina del tanque, chorreadura de gasolina del carburador, tiras rotas, barra sostenedora de alforjas partida, espejo roto, etc, etc, etc.
Intenté una seis veces pararla pero era tal mi agotamiento que no pude. Ahí estábamos la Rusa y yo, solos, abandonados a nuestra suerte y cubiertos de polvo. Habíamos logrado cruzar la peor parte. Ya nadie podía quitarnos lo andado. Ese era nuestro orgullo, Estaba tirada en medio del camino y llena de polvo, de sus costados brotaba gasolina cual sangre fresca. La miré, me senté a su lado y prendí un cigarrillo (la gasolina chorreaba para otro lado, no se preocupen jeje), quedé absorto por el paisaje circundante y el fresco recuerdo de la ruta recién conquistada. Ella también.
 La hora de la verdad. De pronto apareció una señora y su hijo y corrieron a ayudarme. Levantamos la moto, daba lastima. Al primer intento encendió con furia, con ganas de más, seguimos adelante ya buscando algún recodo para acampar y llegamos a oscuras a Yungaypampa, un pintoresco caserío en medio de montañas, donde nos recibieron con los brazos abiertos. Después de disfrutar un par de cervezas heladas que me ofrecieron en el lugar, procedí a armar la carpa en una esquinita de la plaza central. Esa noche no se si dormí, no recuerdo, pues estaba tan dormido… jeje. Lo que si recuerdo es que los pobladores aparecieron con un plato de comida, al otro día con fruta, al otro…
 Al siguiente día me levanto y veo las chorreaduras. Calculo que puedo hacer otros 70 m al siguiente pueblo hasta algún taller para soldar y reparar lo que haga falta, de forma segura. Enciendo a la Rusa y prende sin demoras. La apago para armar el equipaje, ajusto algunas cosas y cuando vuelvo a encender pues ya no enciende. Las chorreaduras aumentan y así me quedo el día entero, intentando reparar lo que más podía.
Otro día más y ya no había caso, hice dedo hasta el siguiente caserío buscando un taller sin resultados. Seguí hasta Caraz y encontré uno pero el mecánico no estaba por ese día. En fin, otro día más. Finalmente decido embarcar la moto en algún camión que pasara por ahí.
Por la mañana era una preocupación el como subirla a la, hasta dos días antes, todo poderosa Rusa, en un camión. Cuando llegó un rodado ya empezaron a aparecer personas de todos lados y logramos subirla, que linda gente, así es en Perú. Todos ayudan, todos ofrecen, todos saludan. En los caminos, en las rutas casi todos tocan bocina, sacan sus brazos para saludar, se acercan cada vez que paro, es realmente un placer estar aquí. Gracias Perú.
 Hoy estoy en Caraz, la moto en el taller y yo también jajaja, la última vez que me bañé fue en Loja Ecuador jajaaja, eso me pasa por ir de desierto en desierto…jajaa. Mañana saco la moto y voy a conducir hacia atrás, hasta donde me quedé, para hacer lo que me faltó y seguir hacia Lima.
Cierto, todos me preguntan cuantos somos los que viajamos. Yo respondo que solo, pocos me creen, entonces decidí confesar la verdad. En realidad viajamos entre tres, yo y mis dos huevos, perdón, mis dos huevos y yo, jajajajaja. No se preocupen, estamos bien…
De nuevo en camino
Fui a buscar a mi compañera al taller y salí hacia el lugar donde me había quedado. Salí como en casa, sin guantes, sin herramientas, sin equipaje, hasta sin casco, iba ligero. Quería probar que tal había quedado la carburación, y quedo bien.
Hice el Cañón del Pato de ida y de vuelta. De ida es emocionante pues vas pegado al precipicio, resbalando un poco sobre la infinidad de piedras sueltas y conteniendo un poco el respiro jaja. Llegué a Yungaypampa sin problemas, visité a mis nuevos amigos y me despedí pronto para retomar la ruta de regreso. A medio camino paré para comer un rico Cuy (roedor, ratón, rata o como le quieran llamar jeje) un poco picante estaba, pero muy sabroso.
De vuelta en el Cañón del Pato pensaba en que loco era esto, pues ya lo había cruzado cinco veces con esta última. Una en camioneta a dedo y de ida para buscar mecánico, otra en combi de vuelta, otra con la Rusa en un camión al taller y ahora estas dos ya montado en la Rusa. Creo que tengo algún record jajaja. Tantas veces y no vi ningún miserable pato jajaja.
Pues bien amigos, mañana de madrugada salgo vía Lima donde me esperan integrantes de Lima Moto Club. Ya les contare las nuevas aventuras cuando llegue.
Un abrazo a todos.
Gabriel




©MBTB/Foto de la llegada

Lima moto club

Pues sí, regresé del Cañón del Pato el sábado. Llegué al taller y me dispuse para armar el equipaje, despedirme de todos y continuar camino.
Hice un par de Km. del pueblo y uff!! la moto comienza como a ahogarse. Sí, así de cierto jaja. De pronto se para y ya no va más. Era como cuando te quedas si gasolina. Paré, revisé, re contra analicé y revisé y nada. Me comunique con el mecánico y este vino al vuelo. Debimos llevar a la Rusa de nuevo al taller y desarmar el carburador. Encontramos un pequeño pedazo de silicona trabando el paso de gasolina.
Arreglado este percance, salí sin demora y seguí camino, con buena temperatura, hacia Chancay. Después de unos cuantos Km. comenzó la altura y el frío. Cesar Polack de Lima Moto Club me había comunicado que me esperarían el domingo, a unos cien Km. antes de lima.
 Bajé una interminable y hermosa cuesta, creo que desde los 4000m, más o menos, hasta los cero del nivel del mar. Bajar por ahí es espectacular y muy divertido. Nadie en las rutas. Solo el aroma a leña quemada que viene de la lejanía acompaña el trayecto. La mente vuela y el espíritu se libera. Nada más se puede pedir.
Acampé en montaña junto a una casa con muchas plantas y flores. Un auto que pasaba me regalo una lata de cerveza helada. Justo era el cumpleaños del dueño, sobran descripciones del trato y asistencia que me brindaron, cenamos, charlamos, vivimos, disfrutamos, linda gente.
 El domingo llegué a la plaza de armas de Chancay. Cesar me comunicó que se iban a tardar pues tenían inconvenientes con una de las maquinas. Esperé dos horas y llegó la caravana, Lima moto club, Moto Riders Club del Perú y Ruedas Perú. Me llevaron a un buen lugar y me invitaron un riquísimo ceviche peruano. Después de almorzar visitamos un castillo de verdad de no me acuerdo que época y partimos a Lima. En el camino paramos y me alinearon la rueda trasera pues iba de lado. Llegamos a Lima de noche y fue para mi la parte más difícil del viaje jajaja.
 Conducir en Lima es cosa seria, difícil de explicar, es como un caos organizado jajaja. Ya pronto al arribo, la caravana se dispersaba en este tráfico fatal y de pronto se me para la moto sobre un puente con miles de autos, taxis, camiones, buses y mil cosas más, jajaja. Me quedé sin gasolina, esto parece que ya es costumbre!!! Pepe Anaya paró y me abasteció.
Esa noche dormí y dormí como nunca, armé carpa en el jardín de la casa de Inés y Ricardo. Al día siguiente me tocó conducir nuevamente por el caos de las calles de Lima hasta el taller de Pipiolo, donde revisó la moto e hizo un pequeño ajuste al carburador, llanta trasera, aceite a la caja, papa rellena y coca cola. No me quiso cobrar y además me llevo hasta otro lugar donde me regaló un litro de aceite dos tiempos, gracias Pipiolo.
Por la tarde nos reunimos con Ricardo y salimos en su auto para buscar el faro de la Rusa. Buscamos y buscamos y no había por ningún lado, o eran grandes o eran pequeños. En un momento Ricardo me dice que cerca de donde estábamos vivía otro integrante del club, Carlos Incógnito, quien tiene Harley y trabaja con hierro y soldadura.
 Después de cinco minutos Carlos me dice que le espere un momento y se retira. Vuelve con un faro lleno de polvo en la mano y me dice que quizás me sirva. Increíblemente era el perfecto, conversamos un rato largo de cosas profundas y dignas. Al despedirme no me dejó pagarle y me invitó para almorzar al siguiente día. Carlos tiene un jardín hermoso y muchos peces de colores.
Acompañe Ricardo a su taller pues el debía trabajar, y de paso vimos otro lugar para el farito izquierdo. Quiero agradecer con toda mi fuerza a Inés y Ricardo quienes me trataron como a un hermano y desinteresadamente por atenderme y llevarme de aquí para allá. ( Inés cocina riquísimo) Por la noche Richard me llevó a recorrer Lima en su auto, y en pleno Tour se comunicó el Che para que pasemos por su casa donde tomamos cerveza, charlamos y nos despedimos. Hice tantas cosas en Lima en tres días y fui tanto de acá para allá que no me acuerdo el orden de los acontecimientos jeje. Bueno, también fuimos en caravana al puente de los suspiros y me invitaron a cenar, ya me olvidé del nombre de lo que comí, siempre me pasa jaja.
 Volví donde Carlos Incógnito y me reparo todos los hierros doblados y alguna soldadura, tampoco me cobró esto, fui con Jacobo Sherman, otro motoviajero de paso en Lima, pues el debía soldar también algunas cosas. Terminamos y Carlos insistió en llevarnos a almorzar, nos llevó y nos invitó cerveza y ceviches, no nos dejo pagar nada.,. Después me fui a buscar el foquito izquierdo a Repuestos, Lubricantes y Pernos Mari & Hnos. y me lo regalaron, muchas gracias.
De ahí fui Selitec Enterprice donde me regalaron otro litro de aceite, gracias Ing. Censar Coello M. y gracias Luís Coronel R. (Pipiolo).
 Carlos me había llamado para decirme que pasara por su taller pues tenía un “encargo para mi”. Me fui para verle y me regaló la bandera peruana, hojas de coca y un sobre donde después vi que había un billete de veinte dólares. Cesar Polack, Inés y Ricardo, David Mendoza y Esposa me colaboraron con Soles, que vienen a iluminar mi tanque de gasolina en este largo recorrido.
Dios mío como podré agradecerles todo esto, como retribuir tanta nobleza, tantas sonrisas y pulgares en alto. Pasan tantas cosas viajando y conoces tanta gente que mi mayor temor es el olvidarme de contar algo, nombrar a alguien, si así ocurre sepan disculparme. Jacob Sherman, en el día de su partida, pasó a buscarme para seguir juntos el camino. Lamentablemente tenía compromiso e invitaciones todavía y no pudo ser. Vino con Rodrigo Olivera, quien trabaja en cuero, el me trajo la maletita para las herramientas, gracias Rodrigo.
Finalmente Ricardo me acompaño hasta la salida a la Panamericana, donde nos despedimos apresuradamente para que no nos aplaste la manada de vehículos. Había un nudo en mi garganta. Esto no fue pasajero, esto fue el inicio de una gran amistad.
Gracias Lima Moto Club.




©MBTB/Foto de la llegada

Pisco

  Salí de Lima con rumbo fijo a Pisco, donde hace poco más de un mes fue azotado por un terremoto. Mi idea era sacar a pasear en la moto a los niños sin hogar.
Cuando llego, me encuentro con un panorama desolador, todo está destruido y mucho peor de lo que se mostró en TV. Miles de personas viviendo en las calles y veredas en carpas donadas y casas improvisadas. El polvo esta en el aire y muchos usan mascarillas. Una imagen muy triste y que llena de impotencia.
Me indicaron un refugio y hacia allí me dirigí, encontrando en un parque, del tamaño de un campo de fútbol, a más de mil quinientas personas viviendo en carpas. El lugar está custodiado por la Infantería de Marina y existen cuatro de estos albergues en la ciudad. Comenté al coordinador general mi idea de llevarles un rato de diversión a los niños y este aceptó inmediatamente con una gran sonrisa.
Armé mi carpa junto otras e inmediatamente, pues ya se hacia la noche, y se acercaron varios chicos con miles de preguntas. Unos tocaban mi reloj, otros mi casco, la moto, otros las botas, otros los escudos de mi chaqueta.
 Hicimos correr la voz para el evento al siguiente día. Esa noche mire un poco de TV junto a muchas personas frente a un solo televisor comunal. Nunca olvidaré sus miradas. En ellas el reflejo del desastre todavía presente. Después me acerque a los Infantes de Marina y compartimos nuestras historias. Me dieron de comer en sus equipos y revisamos mapas.
 El día del paseo solo se acercaron unos cuatro o cinco niños con mucha timidez. Subí al primero, le puse mi casco y arranqué. Sus pequeñas manos se aferraban a mi chaqueta con fuerza mientras comenzaba una gran vuelta a todo el refugio. Yo podía ver a través del espejo retrovisor su carita feliz, una gran, gran sonrisa en todo el trayecto marcaba su cara hasta mucho después de haber bajado de la Rusa.
A cada vuelta que realizaba, la fila se iba haciendo más y más larga, hasta convertirse en un verdadero suceso en todo el campamento. Estuve un par de horas dando vueltas a niños, niñas, pequeños, pequeñitos y grandes. También comenzaron acercarse señoras con bebes en brazos y hasta tres mujeres embarazadas con niños en brazos, para que les dé la vuelta.
Se me paró el corazón. Por un lado era como que ellas se sentían niñas otra vez y por el otro, era súper peligroso pasear en moto a una señora embarazada y además con un niño en brazos!!. No pude negarme y les di la vuelta hasta el último de la fila. Había empezado a contarlos y definitivamente perdí la cuenta. Se hizo el medio día y a cada vuelta los Infantes de Marina me hacían la seña para que vaya a comer. Yo les gritaba “ya termino”!! Pero a cada vuelta la fila crecía y a cada vuelta los Infantes con la seña, fue muy divertido. Comí como a las cinco de la tarde jajaja!!!.
 En un sector del campamento estaba el cuartel de Bomberos, quienes no tenían “cuartel”, dormían en carpas y se las arreglaban como podían para coordinar operaciones y salir en acción, conversamos largo rato sobre sus actividades.
 Caminando entre las muchas carpas había un hombre, quien junto a sus dos pequeños hijos trataba de atar unos cuatro palos para hacer una cocina. Los niños no alcanzaban a sostenerle un palo así que me acerqué a él para ayudar. Cuando me acercaba, escucho que el señor le pide a uno de sus hijos que busque un alambre para poder atar los palos. No tenía clavos ni alambre. Todo esto es lamentable. Fui a mi alforja y busqué el alambre que tenía y así pudimos atar lo que faltaba. Sus hijos estaban con la tristeza grabada en su rostro, y su padre trataba de animarlos haciéndolos participar en la construcción de la cocina. No había caso, ellos estaban totalmente desanimados y tristes. Podía sentirse la impotencia del hombre en cada palabra de aliento.
 Por la noche alguien se acerca a la puerta de mi carpa y me llama. Era un Infante de Marina quien me traía en su equipo algo para comer. Quedamos hasta tarde conversando de mil cosas. Fuerza desde aquí muchachos, hacen una gran labor ahí. Al siguiente día monté la bandera peruana y bajo las bendiciones de mis nuevos amigos militares partí hacia el horizonte.




©MBTB/Foto de la llegada

Camino a los cielos

Decidido a llegar a Nazca, me encaminé con la idea de actualizar el blog a como de lugar, pues sino, después se acumula y valla cuestión.
El tema de actualizar el blog es interesante, pues siempre debo encontrar un Internet que tenga la computadora hacia la calle, y que me permita ver la moto para no quedar a pata. Debido a que no me meto en hostales, salvo contadas ocasiones, debo cargar con todo y equipaje a donde vaya. También debe poder estacionarse sin problemas de multas etc, etc.
 Apenas entro en Nazca, me doy unas vueltas y paro en un pequeñísimo lugar. Al instante frena a mi lado una motocicleta con dos personas, quienes pasadas las preguntas de rigor me invitan al taller de motos donde siempre se reúnen. Me inspiraron confianza y les seguí. Casi de inmediato llegamos a la base y ahí se encontraban varias motos y pilotos bebiendo cerveza a la sombra. Tome algunas y decidí partir al Internet para ganar tiempo, aunque él me gano a mi jaja.
 Se me hizo la noche y debí salir a buscar donde acampar. Di vueltas y vueltas para ir a las afueras del pueblo y encontrar lugar. Ahora, el “lugar” jaja. Estaba oscuro y no veía nada en los costados hasta que divisé una cancha, detrás de una construcción que tenia un escudo de policía. Me acerqué presuroso y me recibieron sin problemas. Cuando ingreso, me encuentro con varias camionetas y uniformados, pero todos "policias de transito".
 Olvidé contarles, que antes de llegar al encuentro con los chicos de Lima me pararon los de transito. No era la primera vez, pero si la primera en que me pedían un seguro contra terceros brrr (en Ecuador no hay seguro para motos, excepto Harley. Mucho menos internacional. Ahora, de pronto me encontraba en la posibilidad que en la conversa me preguntaran por los papeles. Apenas ingresé me invitaron a cenar, a lo cual me negué muy cortésmente, aduciendo mi cansancio rutero, así que armé la carpa y me metí a descansar. A la mañana siguiente y agazapado en las sombras del pre amanecer, desarme la carpa y me despedí de la guardia de turno a toda velocidad jajajajaja. Pues sí. Mejor es estar siempre listos jeje. 
 Apenas salir de Nazca, 520msnm, comienza una subida interminable hasta los 4350msnm. Despacito, despacito la Rusa se negaba a subir de 60kmph. Tardamos pero lo logramos, y una vez arriba en unas rectas en plena puna, la Rusa subió a los 110kmph sin problemas.
En una de las incontables curvas, mi rabillo del ojo percibe una sombra hacia mi derecha. Desacelero un poco y la sorpresa inesperada me agasaja con una gran imagen, un Cóndor. Frené automáticamente para sacar la cámara y sin perderlo de vista. Majestuoso y solemne, esquivo y fugaz. Se perdió detrás de las montañas, para quedar grabado en mi memoria una vez más, escapándole a mi cámara. Estar a más de cuatro mil metros en la soledad y cruzarme con un cóndor, henchía mi corazón y el de la Rusa, quien aceleraba con valentía acompañándome en libertad.
 Así llegué hasta un lugar, perdido en la montaña, donde me encontré con una niña que me contó, que los "gringos en moto" se llevaban a los niños para sacarles los ojos, y en voz baja, confesarme su miedo a los "terroristas que están en la montaña", ella se llama Ruth. Los habitantes del lugar no me dejaron acampar en los alrededores, me dieron una construcción vacía, segura, limpia, a resguardo del frió andino y me brindaron su amistad.




©MBTB/Foto de la llegada

Cuzco

  Los andes son impresionantes, nada igual. Por momentos parece que te traga y por momentos se deja tragar. Una belleza que se cierra y se abre a cada curva, a cada aliento y acelerón.
Conduje hasta el cansancio conquistando las alturas, y déjenme decirles que una vez arriba, vale toda la pena y esfuerzo de esta gran aventura. Rumbo a Cuzco iba con un clima precioso, pasando por valles angostos y profundos. Llegando al corazón de los andes decido acampar antes de entrar, para hacerlo el siguiente día. Sin darme cuenta ya estaba en Cuzco y bajo un aguacero con piedra que me daba la bienvenida. Llegue mojado y oscureciendo.
Debía conseguir donde acampar y no veía nada. Concluí que si seguía dando vueltas, me gastaría en gasolina lo que podría gastar en un hostalito. Aprovechando unas colaboraciones que recibí en la ruta por mis stickers, decreté, jaja, y me metí en uno donde pude poner a la Rusa a resguardo del clima y miradas indiscretas jeje.
 Mañana siguiente salí a recorrer los rincones, pasajes y misterios del Cuzco. Muy lindo lugar. Macchu Picchu quedo para otra ocasión, mi bolsillo no quiere dar explicación. jeje. Se me hacía nuevamente la noche, esta vez caminando, y me fui al hostal para pegarme un merecido baño y salir nuevamente a las rutas a encontrar un lugar para acampar. Cargué agua caliente en el termo y salí rumbo a Puno. No van a creer pero a solo un par de Km. de Cuzco se larga un aguacero infernal como despedida de carnaval. Jaja.
 Paré en cualquier lugar y pedí permiso a un señor para armar carpa en sus alrededores. Estuve largo rato bajo el viento rabioso y la lluvia para poder armar la carpa. Cuando lo logré me tomé todo el termo a café y ron y me dispuse a dormir. Por cierto, la bandera en la moto causa sensación. El patriotismo se desborda en las personas en infinidad de bocinazos, gritos y brazos en alto de todos los lugares por donde paso. Cargo bandera en cada país como símbolo de respeto, tributo y agradecimiento. Siempre que paro me preguntan si soy peruano, yo les respondo que soy Argentino, que vive en Ecuador y que viaja por Perú con moto Rusa rumbo a Bolivia. Siempre me piden que se los repita…en fin, jajaja.
 Llegando a Puno nuevamente se hizo tarde y buscando en el altiplano agua caliente para el termo (no hay un solo palito para hacer fuego) doy con una tienda donde estaban varias motos y personas. Me acerqué y estaban todos bebiendo cerveza pues habían festejado un evento de deportes y creo que algo de sus siembras. Digo creo porque no recuerdo, me dieron tanta cerveza que ustedes comprenderán a este humilde motoquero.
Acampé cerca de ahí y a oscuras para evitar que ubiquen mi campamento, unas treinta personas totalmente borrachas, jajaja. Hoy me levanté y llegué a Puno en treinta minutos. Olvidé que es domingo, quería cruzar frontera hoy mismo pero debo quedarme hasta mañana para hacer algunas gestiones.
 Águilas Legendarias de Cochabamba me espera. Mañana espero cruzar sin problemas a Bolivia y cruzar la Paz hasta el comienzo de la Ruta de la Muerte donde acamparé. Según estadísticas, mueren de 200 a 300 personas al año. Su ancho es de 3.5m, su extensión de unos 60km, con precipicios en todo su recorrido y zona de neblina casi constante, todo tierra y lodo si la neblina es espesa. Pasado mañana intentaremos conquistarla




©MBTB/Foto de la llegada

Chau Perú

Conduje hasta las afueras de Puno para poder acampar tranquilo. El lago Titikaka estaba ahí y no iba a perder la oportunidad de armar carpa en sus orillas. Hice unos Km. y vi a un costado de la ruta un escenario y fiesta al aire libre, mas allá, a solo trescientos metros en el mismo costado, había un pequeño cementerio y muchísimas personas sentadas, que en luto, mantenían silencio. Seguí unos metros más y divisé un lugar perfecto.
Antes de armar campamento me dirigí a la fiesta para chusmear de que se trataba, pues había muchas camionetas de transporte y gente que me saludó al yo pasar por ahí. Un señor se me acercó con respeto y me obsequió una botella de cerveza, indicándome que yo solo debía beberla si era realmente mi deseo. A lo lejos los demás alzaron sus botellas gritando “salud”.
Bebí un par de tragos y después me acerque para compartir, pues en Perú se bebe de una forma particular. El que tenga la botella de cerveza en la mano se sirve en su vaso y la pasa al de su derecha. Este conserva la botella hasta que su compañero le pasa el vaso, no sin antes haberlo sacudido para botar el resto de espuma y así sucesivamente. Recuerdo que cuando me dirigía al Cañón del Pato paré en un lugar y varias personas me invitaron a acercarme. Un señor se sirve en su vaso pasándome la botella y diciéndome “salud”, a lo cual yo me la lleve inmediatamente al pico contestándole también “salud”. Todos se que quedaron callados y mirándome, dejándome sin entender lo que pasaba. Pues sí, si en Ecuador tú me pasas la botella y me dices “salud”, pues ya sabes, jajaja.
 Esa tarde en la fiesta de Puno me quedé hasta tarde, las botellas pasaban de un lado a otro. Estábamos en círculo haciendo el “ritual” de la cerveza, pero siempre, alguien ingresaba al circulo una más, y de pronto uno se encontraba con tres vasos y cuatro botellas en la mano jajaja. Bailamos, reímos, disfrutamos. El titikaka se divertía viendo nuestras payasadas hasta que le perdí de vista en la oscuridad de la noche. Ya tarde me monte en la Rusa y me fui a hacer malabares para armar la carpa jajaja. Mis nuevos amigos no querían que me vaya, según ellos en mi estado, pero yo estaba realmente bien, y ellos se destartalaban.
 Mañana siguiente, desarmaba todo cuando se acercan unos vecinos, y después de unas palabras me invitan a ir lago adentro en su bote, para alimentar su cría de truchas. Ya me iba pero no quise perder la oportunidad de subir al bote, y dejarme embeber por el suave ritmo de los remos. Fueron momentos de calma y reflexión, donde estas lindas personas me contaron la historia de su vida, de cómo un día les robaron su única red de pesca, de cómo un día iniciaron una nueva vida.
 Partí presuroso hacia la frontera, disfrutando de las largas rectas del altiplano y el azul profundo del lago. Nunca olvidaré como me trató Perú, la Rusa tampoco. Crucé a Bolivia sin inconvenientes y con la fuerte emoción de una nueva meta cumplida. Conduje hasta Tiawanako donde encontré un pueblo que parecía abandonado, las ruinas estaban cercadas y cerradas. Se hacia la noche y me metí en una calle de tierra para rodear las ruinas y verlas desde lejos. Eso me costo perderme en el horizonte hasta encontrar la ruta de nuevo.
Acampé nuevamente, esta vez a unos pocos Km. de La Paz y sí, friiiooo jajaja. Desperté antes del alba con mucha energía y dispuesto a encarar la ruta de la muerte, pero antes, debía conseguir gasolina y cambiar algunos pesos bolivianos, pues nada de eso había hecho desde el Perú.
 Llegué a La Paz y para variar me perdí en sus calles y avenidas. Di tantas vueltas, que al final y sin darme cuenta, estaba re mareado y me terminé cruzando semáforos en rojo y dando vueltas en lugares prohibidos. La policía de transito en varias ocasiones me ordenó la parada y yo respondía con saludo, ellos se que daban mirando atónitos a este motero cargado y empolvado hasta decir basta y solo continuaban con su faena diaria, algunos hasta con saludo. Finalmente encontré la salida y a seguir subiendo hasta las alturas heladas me propuse.




©MBTB/Foto de la llegada


La ruta de la muerte

Para llegar al camino de los Yungas, el famoso camino, "La ruta de la muerte", debes subir hasta la zona llamada “la cumbre”. Lamentablemente no existe en este lugar ningún cartel que indique su altura, solo aproximaciones y opiniones diversas, pero haciendo un promedio casi todos coinciden en que no baja de los 4800 m.s.n.m. Costo llegar hasta ahí y con mucho frió, para después comenzar una bajada hasta los mil y pico de metros en solo unos cien Km.
 La entrada a la “Ruta de la muerte” es intimidante y espectacular. Un precipicio brutal que te acosa en todo el camino como queriéndote tragar hasta sus mismas entrañas.
Ingresé a sus fauces jajaja, en plena neblina, hasta que en un momento se abrió parcialmente dejando al descubierto su increíble belleza. El suelo esta lleno de piedra suelta y en mal estado en toda su extensión, plagado de cruces de todos los tamaños.
El conducir por la izquierda en este camino como es indicado, implica hacerlo de principio a fin al borde mismo del abismo. Sorprendente y espectacular, no tengo más palabras para describir lo vivido en esta ruta, la cual guardare para siempre en la bitácora de mis alforjas, como una de las partes de mi recorrido más hermosas e inolvidables.
 Llegué a Coroico, temprano, donde su clima perfecto me recibió cansado y sediento. Debía buscar una bandera boliviana para colocar en la moto, así que me dirigí a una oficina de turismo, ubicada al lado de una comisaría de policía. La personas del lugar me recomendaron donde conseguirla y la policía al ver la moto se acerco a charlar. Ellos me recomendaron donde y me desearon la mejor de las suertes.
Fui, conseguí la bandera y la coloqué. Mientras buscaba la bandera me había olvidado de apagar el contacto y se me acabo la batería. Al rato llega un motoquero (en realidad un señor en moto) y se estaciona en frente, se baja y se mete en una entrada oscura. Yo charlaba con unos transeúntes cuando este señor comenzó a vociferar desde las penumbras. Preguntaba al aire de que nacionalidad era yo y se dirigía a quienes me acompañaban. Cuando la gente le gritaba que yo era argentino y que vivía en ecuador, el señor interrumpió en tono fuerte y agresivo con un: porqué lleva bandera boliviana, eso es una falta de respeto y que esto y que el otro. Creo que este señor estaba en estado etílico pues seguía agazapado en las sombras lanzando sus ideales desde lejos. Finalmente desapareció, la gente se dispersó y yo ingresé en un internet para actualizar el blog.
Cuando me encontraba en la tarea de publicar las fotos, ingresa un policía en el internet, no cualquier policía, sino aquel con quien habíamos tenido una agradable conversación por la tarde entre medio de sonrisas y anécdotas. Esta vez su semblante reflejaba el autoritarismo. Ingresó e inmediatamente me obligó a salir a la calle. Me obligo a sacar la bandera y sin decir más se retiro por las calles oscuras. Había en el ambiente una sensación extraña. La gente del pueblito se había enterado y muchos miraban la escena. Vuelvo entrar y continúo bajando las fotos hasta que de nuevo ingresa el policía advirtiéndome en tono de amenaza, que bla bla bla bla y bla bla. En fin, se retiró rápido y yo continué solo con las fotos, pues el relato no debía ser contado en tales circunstancias negativas. Pregunté a algunas personas si conocían al señor de las penumbras, ellos me respondieron que se trataba del sub prefecto de Coroico, algo así como el vice gobernador, sin comentarios.
 Logré encender la moto después de muchos y agotadores intentos. Ya era de noche y debía buscar donde acampar. Pare en una tiendita a conseguir unos tabacos pues la experiencia anterior me había quitado el hambre acumulado por dos días sin morder. La señora me indica con amabilidad que el vecino de al lado me podría guardar la moto por seguridad. El vecino se negó rotundamente y de mala gana, al rato fui testigo de cómo guardaba una moto en el inmenso garaje. 
 La lluvia se hizo presente y sin dudarlo partí en la oscuridad. Conseguí donde acampar y descansé más o menos pensando en todo lo anterior. A eso de las cinco de la mañana me despiertan los ladridos de muchos perros. Eran casi veinte, y rodeaban a un perro muy mordido y agotado que se encontraba de paso por el lugar. Me di cuenta de la analogía. Fue una imagen horrible donde este pobre perro no podía moverse un milímetro. No se desde donde vendrían mordiéndole pues hasta los atacantes se veían agotados. Espere a que se vayan y me levanté. Desarmé la carpa y embebido en cansancio y misterio del lugar, partí nuevamente.




©MBTB/Foto de la llegada

Aguilas Legendarias Cochabamba

Rodando desde Coroico, llegue hasta unos 120km de Cochabamba donde me esperaban las Águilas Legendarias. Poseedores de las infalibles Jawas, primas hermanas de mi Rusa. Motores dos tiempos, 350cc y mucho humo. Me recibió Cesar, el presidente del Club, y me llevo a almorzar donde se encontraba Pachi, Vicepresidente. Después, fuimos a la cede de las Águilas donde nos encontramos con Carlos y nos tomamos una jarra de café, un litro y medio aprox. jeje. Charlamos largo hasta que llegaron las demás águilas a darme la bienvenida. Me recibieron como a un hermano y solemnemente me nombraron miembro honorífico de las Águilas Legendarias de Cochabamba. Recibí una camiseta y un banderín del club. Fue una reunión muy buena donde me brindaron su amistad y apoyo, me hicieron sentir parte del club.
Tras la entrega de presentes decidieron hacer caravana de bienvenida, con la cual nos dirigimos por las hermosas calles de Cochabamba echando humo por todas partes jeje. Luego de dar varias vueltas nos paramos en la plaza principal y tomamos unos cafés de un señor, que parecía que vendía gasolina por sus bidones jaja. Después de un rato (y yo veía que Cesar hablaba por tel.) me dicen si ya estoy listo para ir al hostal, a lo que yo respondo que hostal?!. No quisieron decirme nada. Nos fuimos en caravana a colocar unos afiches para promocionar un evento y de ahí nos fuimos al “hostal”.
 El hotel cinco estrellas “La Colonia” a todo lujo y comodidad. Ellos de divertían viendo mi reacción jajaja, imaginen después de venir acampando y tragando polvo por todos lados jajaja. Descargamos el grasiento y polvoriento equipaje al brillante y cómodo hotel y nos fuimos por ahí. Luego nos fuimos a una disco pero yo y Neil, tesorero del club, nos retiramos por cansancio. Cuando salimos mi batería empieza a fallar e intentamos arreglarla. Resultado, se nos rompió el borne así que hicimos magia para que el cable quede medio tocando la cuestión y así funcione.
Llegue a La Colonia a eso de las tres de la mañana y me bañe hasta las cuatro y media jajaja. Pensé que se iban a tapar las cañerías J. Así como me pasó en Lima con mis amigos de LimaMotoClub, no recuerdo el orden de los acontecimientos jeje.
El asunto es que al siguiente día me conseguí un mapita de Cochabamba y me salí a sus calles. Fui a la cede para verme con Cesar quien me invitó a almorzar, luego, nos fuimos a otro lugar y me presentó a Walte,r con quien pasamos una buena tarde conversando de muchas cosas.
 Ahora estoy re escribiendo la historia, jajaja, pues hace solo unos momentos se colgó esta maquina, y se borro todo lo que estuve escribiendo durante un poco mas de una hora grrr. Bueno, el asunto es que me fui después pa el hotelazo a descansar y hacer uso, o mas bien abuso, del internet gratuito ofrecido por el lugar.
La micro sala de Internet, dos maquinas, estaban vacías, tome una y la otra la tomo uno de los integrantes de Molotov quien ingresó después. Con el estuvimos charlando un rato cada uno desde su maquina y contándonos nuestras aventuras, ellos con sus giras y yo con mis caminos. Quedamos en reunirnos después de un par de horas para tomarnos unas fotos junto a la Rusa.
Los chicos bajaron temprano así que estuvimos charlando un rato, sacamos las fotos y salimos del hotel cada uno pa su destino, ellos al estadio repleto de gente y yo a reunirme con las Aguilas.
 Como nadie llegaba me monte en la Rusa y me fui al estadio para hacer uso de una credencial que me dieron los de Molotov. Llegue al sitio y una fila de militares me cortaron el paso, les mostré la credencial y pase con la Rusa hasta dentro mismo del estadio al lado de las gradas. Escuche un par de temas, saque un par de fotos y salí, cheeevere jaja. Después nos vimos con las águilas y pasamos buen momento, de camaradería.
Por la noche, ya de vuelta en el hotel, una fiesta de aniversario dejo regada infinidad de gente por ahí, me acosté a las 5.3 de la mañana. Al siguiente día salí del hotel y me fui para la casa de Carlos donde me quede hasta el ultimo día. Al mediodía nos fuimos a apoyar el evento que antes se promocionaba.
 En el C.I.T.E. centro de instrucción de tropas especiales del ejercito boliviano, el comandante tuvo la gentileza de obsequiarme la gorra naranja que usan después de cincuenta saltos en paracaídas, también un par de parches del salto libre. Recibí departe de Carlos y su mamá, Sil, un estuche de cuero Harley original para la cintura. Me hicieron probar el chicharrón y una bebida con chicha, ya no recuerdo el nombre. Por la noche me llevaron a tomar café, cerveza y charlar.
 Por cierto, de una voy a agradecer los presentes que me han realizado pues sino después me olvido y quedo mal jeje. Gracias a Carlos y Sil por el estuche Harley, la yerba mate y el café pa el viaje, la estadía, la red sujeta todo, lavada de ropa y el parche. A Carlos Ramos de MOTOCAR por la cubierta Dunlop nueva, revisada de la moto y arreglo de batería. A Ricardo Hurtado de MOXOS por el cuchillo de combate tipo Rambo jeje y la linterna con dínamo, camiseta y aceite dos tiempos. A Diego Villarroel de EFE por el cambio de aceite de caja, liquido de frenos y grasa pa el viaje, arreglo del hueco del radiador y goma en pedal, liquido refrigerante y empanadas salteñas. A Ramiro por el parche original de Ranger, una cadena, un porta encendedor, un encendedor con forma de hacha y las postales. A Orlando Siacara de SEVIOIL por un aceite dos tiempos. A Hotel LA COLONIA por dos noches de lujo. A BOLIVISION A ATB. A canal ONCE. Gracias por los cigarrillos y los parches. A Jimy por una batería para la Rusa. A Cesar por los bidones amarillos para cruzar el salar hasta chile. A todo el club por el cd con los vídeos y temas. A por la camiseta blanca. Y por dios santo espero no olvidarme de nadie jeje soy medio despistado. A Molotov por la credencial con mi nombre como parte de su Staff. A Oscar y a Neil por estar siempre pendientes.
 El miércoles hicimos caravana pero antes de esto nos reunimos en un bar, y las águilas me nombraron formalmente y por escrito, "Embajador para Latinoamérica del club y su filosofía", gracias muchachos lo llevaré con mucho honor. Hicimos tantas cosas, hablamos tantas cosas, fuimos a tantos lados. Cochabamba esta llena de árboles como me gusta, el clima es perfecto para andar en moto, hay muchos lugares donde tomar cerveza o café, el Club Jawa Cochabamba "Águilas Legendarias" sobre vuela rodando su nido, territorio sueño de cualquier motero.
Si quieres llegar a él, solo sigue la ruta....




©MBTB/Foto de la llegada

Rumbo a Uyuni

Salí de Cochabamba custodiado por Carlitos, Jimy y un amigo de EFE. Sali con la fuerza brindada por mis nuevos amigos, las Aguilas Legendarias, y encaré las alturas para llegar a Oruro. Por fin el cartel que indica los 4496m.s.n.m, pues de venida no le había visto. Neil me habia pasado un tema de Iron Maiden, corre hacia las colinas, el mejor tema segun mi gusto. Iba escuchándolo incansablemente hasta alcanzar la cima y más allá.
 Ahora, estoy Oruro con motoqueros que están formando su club formalmente, mañana haré como antesala a Potosí, camino a Uyuni y su salar. En los próximos días estaré en el medio de la nada. Todos concuerdan en que es una estupidez, a más de peligroso, acampar en el medio del salar. Escuche cientos de historias sobre todo tipo de muertes horribles en este mar de sal. Hasta los militares me advirtieron, pero como es costumbre, haré lo que mi corazón siente. Las posibilidades de congelarse y convertirse en estatua de sal son grandes, pero tengan en cuenta que en estas cosas el peso es fundamental, me ahorraré llevar este condimento.
  Después de esta entrada no se cuando volveré a actualizar el blog, obvias razones. Si es posible será desde Uyuni, sino, desde Jujuy, Argentina, después de pasar el salar y llegar hasta laguna colorada e ingresar a chile para ir directo a la Argentina.
Hasta ahora el viaje va espectacularmente espectacular jeje, el cansancio acumulado aflora cuando me bajo de la moto, cuando estoy un par de días parado. Cuando me subo parece que nos ponen dos motores a reacción y salimos disparados jaja.
Uyuni, allá voy.




©MBTB/Foto de la llegada


Salar de Uyuni

Pues al fin amigos logro conectarme, es que quedé hecho estatua de sal y me costó volver a la vida jeje.
Este trayecto desde Uyuni hasta Laguna Colorada y de ahí a Laguna Verde, es realmente espectacular. Pero comencemos por donde nos quedamos, salí de Oruro luego de estar en la casa del Rafa y su mamá, quienes me trataron de maravillas. Gracias rafa por las gafas para la arena y la chaqueta roja para el frío y el saco azul también. Gracias al vecino de enfrente por el pasamontañas pa el frío y la costura del estuche de la cámara, también por llevarme a comer los exquisitos “trancapechos” (carne apanada con papas fritas, arroz, ensalada de lechuga, tomate y cebolla todo dentro del sándwich!!!. Gracias a Ricarda la mamá del Rafa por el chalequito, la gorra roja, la botella de agua, la comida para el viaje y todo lo demás. Gracias a Ruben y amigazo por las sardinas, paté y demás.
 Partí de Oruro rumbo a Potosí disfrutando del espectáculo que brindan los inquietos torbellinos. Los hay de todos los tamaños, flacos, y de hasta quince pisos de altura, que se bambolean de un lado al otro de forma ligera. Gordos y oscuros, amenazantes, que nada envidian a los tornados, se desplazan con furia y lentitud. Ver esto es un privilegio, no se si es por la época del año o siempre están por ahí, como sea, es algo digno de admiración.
 Acampé en algún lado por ahí, ese algún lado que se destaca por su belleza y soledad, ese algún lado casi fue interrumpido por una gran explosión. La luz trasera estaba prendida desde quien sabe cuando y el faro comenzó a derretirse, incendiando la chaqueta roja que me dio el Rafa, grrr, no la había usado ni una vez, todo esto entre medio de los tanques de gasolina de refuerzo.
A la mañana me despertaron unos pasos y vociferaciones extrañas, era un hombre que más que hombre parecía un duende. Sus pies y manos estaban curtidos hasta el límite, asemejándose a un animalito salvaje. El me hablaba en aymará y yo solo atinaba a comprender lo que mi cabeza procesaba, ja ja ja. Le convide un cigarrillo y un poco de chulpi. El señalaba a las montañas haciéndome señas para que vaya a comer, o que me iban a comer jajaja, quien sabe.
 Llegué a Potosí bajo lluvia de piedras heladas y me dispuse a llenar los tanques. Estando en la gasolinera con los tanques al tope, la Rusa se inclinó de más y se fue al suelo. Un par de días antes había perdido la tapa de uno de los tanques. O sea que uno iba tapado con plástico no más jejeje, así que al caer la Rusa, la gasolina de desparramó por todos lados. Superado el inconveniente me fui para acampar en un terreno baldío, al otro día le cambié el zapatito trasero a la Rusa.

 Ya rumbo a Uyuni íbamos saltando, saltando de un lado a otro en un camino que empeora poco a poco hasta convertirse en el peor de los caminos. Los famosos “serruchos” del camino o “calamina” como le dicen en Bolivia, son de la peor cosa. Los hay angostos y profundos, anchos y bajos, con arena, con piedra, etc., etc. Y yo que pensaba que el Cañón del Pato en Perú era cosa seria jajaja. Estos malditos serruchos me esperarían durante los próximos 600km!!! En subida, en bajada, en curva, con viento, con torbellinos, atardeceres, amaneceres, estrellas fugaces y que se yo que más, pero los tendría con migo hasta que se me incrustasen en la conciencia más profunda. Yo creo que pasarán muchos años en los cuales me despertaré por la noche por alguna pesadilla con los malditos serruchos jajajajaja., y la arena. Llegué al pueblo de Uyuni y me fui directo al cementerio de trenes, todos oxidados y al olvido, me dieron la bienvenida con recuerdos de lo que alguna vez vivieron. El lugar merecía ser acampado así que ahí me quedé a pasar la noche repasando la lista de compras.
 Esperé tanto tiempo para estar en el salar, que la sola cercanía del mismo me tenía inquieto, ya quería salir a su encuentro pero la noche me detenía. Miraba al horizonte y miraba a la Rusa, pensaba en cuanto habíamos logrado y en cuanto más quedaba. Este trayecto sería el más difícil de todo el viaje, si señor.
Al alba ya estaba en pie de guerra y listo para el gran día, luego de comprar agua, harina, mucha avena y tabacos, comencé a comerme los próximos veinte Km. hasta Colchani. Una vez ahí, me olvide de conseguir algunos palos para el fuego, ni siquiera paré la moto un instante. Seguí manejando y ya con el salar ante mis ojos aceleré más y más inundándome de él. Solo alcancé a divisar unos turistas en la orilla quienes con pulgares en altos me saludaban sorprendidos. También vi las montañitas de sal acumuladas por el esfuerzo de los trabajadores.
Seguí y seguí, no lo podía creer, ya estaba ahí. La Rusa creo sentía la misma emoción pues en cuanto pisó la sal se convirtió en la “todopoderosa” jajja. Describir cuan emocionante es, es muy difícil, pero baste decir que zambullirse en la inmensidad más blanca, pura, inmaculada y espectacular es fantástico.
Iba cortando horizontes y la orilla se hacia cada vez más lejana. Las múltiples huellas del principio se hacían cada vez más dispersas y a cada Km. nos liberábamos de los caminos. Iba a 90km/ph y la Rusa no quería aumentar su velocidad. Cerré los ojos y por primera vez pude experimentar la sensación de conducir a toda madre y sin obstáculos. Conducir con los ojos cerrados es fantástico, una vez que los cierras viene la primera sensación de vértigo, para luego dar lugar a una sensación de flotabilidad y libertas indescriptibles. Es como si tuvieras alas de verdad y te dirigieras a las nubes.
En uno de esos ratos de magia sentí un pequeño salto y luego otro más fuerte, estaba ingresando en una parte donde había pequeñas pero durísimas afloraciones salinas. Seguí más allá de mis emociones y paré para acampar. Antes de la armada general saqué el sobre techo de la carpa para hacernos sombra y me tiré al lado a disfrutar del inmenso paisaje. Saqué mi petaca y tabacos y ahí tirados en el gran desierto de sal brindamos. Digo brindamos pues la Rusa también brinda jajaja.
Ya cuando el sol se escondía y el campamento estaba listo , me doy cuenta que el contacto de la Rusa estaba encendido grrr. No se si me olvidé por la faena o se corrió al sacar la mochilita del tanque. Cuando me ha pasado esto generalmente al otro día la batería se carga un poco y esta enciende sin problemas, así que me quedé tranquilo, viendo como la luna amanecía en el Este compitiéndole al sol en su grandeza.
 El espectáculo que me tocó vivir aquí en el Gran salar de Uyuni es algo que nunca podré olvidar. Quedó en este lugar una parte de la Rusa y de mí y esto jamás cambiará.
El sol se zambulló y la luna le negó a las estrellas lucirse. Nunca oscureció. El brillo era tal que el suelo parecía un foco, casi no dormí. El viento de la tarde se fue a no se donde y el silencio mas espectacular hizo su entrada. Mis amigos, créanme cuan difícil es explicar lo que se siente en un lugar como este bajo estas condiciones. La temperatura solo bajó a cuatro grados. Llego un punto en que no tenía nada que hacer.
No había noche, silencio total, cero vientos, nada de vida en el lugar más que los propios latidos de mis pensamientos. Digo de mis pensamientos porque mi corazón no latía, con tanta quietud y silencio en realidad retumbaba jajaja.
De pronto me encontré dando vueltas por ahí, sobre las líneas que forman los rombos, caminando sin rumbo fijo y bajo el crujir de la sal. Caminar sobre estas quebraduras es divertido, casi un vicio jaja, cruje como papa frita o como galleta lo cual te despierta el hambre jajaja. En solo unos ratos me encontraba lejos y la Rusa custodiando el campamento era solo un punto. Esa noche tomé café a la vela, todo un logro.
A la mañana recibí un amanecer grandioso, desarmé el campamento bajo un viento cada vez más fuerte y boludeé un poco para hacer unas fotos. Cuando estaba todo listo para partir quiero encender la Rusa y esta tenía la batería muerta. Muerta es poco jeje, era un despojo. Por la grandísima gran suerte tenía la batería que me regaló el Aguila Jimie de Cochabamba. Gracias Jimi, si no fuera por ti, estaría mi estatua en el salar jajaja.
Arranqué finalmente y seguí al Oeste siguiendo a mi brújula. Con la ayuda de los binoculares pude divisar el grupo de islas que se encuentran por ahí. Llegué a la isla Inkahuasi, le di la vuelta y me subí para hacer unas fotos. Me gusta la foto en que la Rusa parece estar sobre un cactus. De ahí me dirigí dirección sudeste hasta encontrar una salida adecuada que me lleve a Laguna Colorada. En el trayecto, la rueda trasera hacia más ruido que una licuadora. Paré no se cuantas veces bajo el intenso calor para ajustar, el salar no quería dejarnos ir. Finalmente conseguimos llegar donde queríamos, la Rusa y yo estábamos satisfechos. Fuimos afortunados, no por no perdernos o quedar en medio de la nada, sino por haber disfrutado de un lugar inigualable.


A Laguna Colorada

Una vez en camino, bueno, de camino solo tiene el nombre. Más bien río seco lleno de arena y piedra suelta jeje. Te hundes, te resbalas te tropiezas, te muchas cosas más. Hice 60Km. con todo mi esfuerzo hasta que se me fue la moto de lado, ya era tarde y ahí mismo acampé por esos lados. Elegí mal una huella y fue el peor camino. Llegué a un caserío llamado San Juan y aproveché a lavar la moto, y mis cabellos jaja.
En el lugar, una francesa que iba en 4x4 apareció a la tarde y al otro día a las seis menos diez de la mañana, con una taza de café caliente, dos galletas y una manta de regalo. Seguí cruzando otro salar bien lodoso, más o menos 45km hasta cruzar una vía férrea. Esta vía pasaba por un zona elevada, bastante dura pa la Rusa. Justo cuando estaba cruzando y con el envión, la parte de abajo me golpea contra el riel. Inmediatamente comienza a salir un espantoso ruido del pistón derecho. Creo que se rompió o descolocó un anillo. Decido continuar, lo hago con el ruido feo, el camino es intransitable.
 Elijo ir a campo traviesa y me entierro por enésima vez. La temperatura es tenaz y el viento helado. Nuevamente se hace la noche mientras reflexiono si desarmar o seguir así. Asé suficiente masa de pan esa noche porque la leña ya empezaba a escasear por ahí. Sigo y el terreno se hace cada vez peor, más alto, mas calor, mas de todo jaja. La brújula es de gran ayuda y las fotos satelitales que me bajé del google sirven en algo. Acampo, desacampo, paro, sigo. Tengo sal, arena, polvo y cansancio en todos lados. La tiras de las alforjas ceden y los elásticos sujetadores comienzan a romperse. Los paisajes son cada vez más espectaculares y brutales. El aire es saladísimo, peor que en el salar, esto me llama la atención. Mientras respiras esta sal, el sol te sofoca y los vientos te llenan de escalofrío con su poder helado.
Llego a otro caserío y me doy cuenta que erré el camino, estoy lejos, lejos de la laguna. En el lugar se ríen y me aconsejan cortar camino por una zona que debo, según ellos, subir, subir, subir. Me decido por este y lo sigo, después de andar un rato se abre el camino izquierda y derecha. Luego nuevamente y así sucesivamente. He subido hasta las nubes y mucho más allá. Más subes y peor es el camino, menos aire, más vientos, más arena. Con la Rusa, nos embarcamos en una lucha épica contra las alturas y los elementos. Sudo hasta la última gota de nicotina, la Rusa suda gasolina. Hedimos a todo. La mezcla de esfuerzo humano y mecánico genera toda clase de aromas a gasolina, aceites, grasas y cansancio. Por primera vez se enciende el electro ventilador. Grande Rusa. Allá vamos y mientras lo hacemos, más fuertes nos ponemos jaja.
Luego de cruzar muchos ríos, enredarnos en muchos vientos y rodear varios salares, divisamos a lo lejos Laguna Colorada. Su hermosura valió el esfuerzo. Paré la moto y mientras sacaba fotos, a unos 700 metros se formó el más grande y poderoso torbellino que había visto hasta el momento. Le saque tres fotos mientras me preguntaba si esto estaba pasando.
 Continué por otro salar hasta que se hizo de noche. El camino era un río de arena y el viento de frente nos frenaba violentamente, veía poco y en cuanto divisé una saliente paré. Siguiente día crucé el valle de Dalí, majestuoso y surrealista hasta el cansancio. Crucé también valles de piedras caprichosas y con forma de casa de duendes. Vi tantas cosas espectaculares y pasé tantos desafíos que no quería que el trayecto difícil se acabe. Llegando a Laguna Verde me caigo nuevamente y esta vez bien fuerte. Me levanto nuevamente, logro levantar a la Rusa y llego a un refugio de guarda parques, quienes me miran sorprendidos e invitan a pasar la noche.
Siguiente día parto hasta completar los últimos de los aproximadamente 600Km. más difícil que quizá tenga en mi vida. Llego a la frontera con el hermoso Chile y a una ruta perfecta, perfecta.
 Cuando estoy en Chile me doy cuenta que dejé el casco en el refugio Boliviano. A la vuelta hacia Argentina me introduzco a Bolivia para recuperar mi casquito, paso la noche y al siguiente día le doy la vuelta a la Laguna Verde y cuando estoy saliendo a Chile, me choca finalmente un pequeño torbellino, quien me brindó la última sensación de adrenalina del lugar, y de ahí a la Argentina.
En fín, esta fue la aventura en pocas y apresuradas palabras. Hay tanto que podría contar que sería largo ahora, debo seguir viaje. Cuando finalice el recorrido haré una Web completa con lujo de detalles, hasta eso, deleitarse con las fotos.


Argentina

El ingreso a la Argentina fue sin contratiempos. En la aduana todo ok y me crucé con dos motoqueros canadienses, los cuales después me pasaron como bala jaja. Tranquila Rusa que nadie nos quita lo andado jeje. Iba con la gasolina justa y las monedas contadas. Conduje hasta la cuesta de Lipán, tremenda cuesta que hice de bajada sorteando todo tipo de curvas y traspasando cielos. El cruzar un par de capas de nubes es siempre fantástico y significativo.
 Llegue a Jujuy con solo un dólar ochenta y tanque a medias. Era sábado y no me quedaba otra que resignarme al fin de semana. Cuando estaba perdido en sus calles buscando la salida de la ciudad me hace señas una persona en moto. Me inspiró confianza y paré. Era Marcelo quien me invitaba a un encuentro a realizarse en Embalse, Córdoba. Marcelo es propietario de lubricantes SAN ANDRÉS, ubicado en Av. Pueyrredón esq. Pte. Perón de la ciudad de Jujuy. Me invitó cerveza, me regaló un litro de aceite y me colaboró con dinero por los stikers. Después me acompañó hasta la salida de la ciudad para que no me pierda y quedamos en vernos en Córdoba para el encuentro. Un motoquero genial. Que pena que no le vi nunca más.
 De Jujuy a la provincia de Salta me dirigí por una ruta de unos setenta km. Ruta angosta de unos cuatro metros de ancho, perfecta y rodeada de infinidad de árboles a modo de abrazo natural. Conducir por ahí fue todo un lujo dado la ausencia de tráfico y rectas aburridas. Un lugar precioso y divertido. En Salta acampé junto a un río y me quedé tres días. Lavada de ropa, y demás menesteres, aprovechando la estancia en las cercanías de la ciudad para actualizar el Blog. Apenas llegado al centro de la ciudad, me paro en una esquina y me cruzo con los motoqueros canadiences que iban de a pie, un poco más allá me paro a comer un sandwich y me encuentro a un amigo que no veía hace más de diez años.

 Siguiendo camino de perfectas rutas asfaltadas, perfectas señalizaciones y rectas interminables, comienzo rápidamente a dormirme mientras conduzco jajaja. Esto me parece tan contrastante, por el hecho de venir conduciendo sin respiro, con los sentidos a full por las zonas más extremas y de pronto como que me sobran los reflejos jajaja. El fin del mundo esta cada vez más cerca, tanto que ya puedo olerlo.
Ingreso a Tucumán y luego a Santiago del Estero, donde las legendarias temperaturas del lugar me sofocan hasta el cansancio. Reeeeeeectas y más reeeeeeectas, que te dirigen indefectiblemente a indagar en tus pensamientos y recuerdos. Los vientos del desierto de Uyuni se salen de mis recuerdos y todavía me golpean el rostro. El sol santiagueño se confunde en mi cansancio y se hace pasar por otro, por aquel del desierto.

 Estoy encarando hacia las montañas de Ancasti, aquellas que alguna vez marcaron mi destino, aquellas que alguna vez me fueron tan ingratas y a la vez tan benévolas. A pocos km antes de comenzar la subida se hace la noche y acampo a sus orillas. Una tormenta eléctrica rompe la noche y luego de azotarme a vientazos jeje, descarga no se cuantos litros de agua y termina inundándome la carpa, carajo. Cuando termine el viaje contaré lo que sucedió hace muchos años en Ancasti, es largo, laaargo, pero baste decir que por ahí anduve hace muchos años.
El tiempo transcurrido desde entonces borró alguno de los caminos de mi mente. Cuando me percaté que estaba perdido divisé un grupo de casitas a la orilla del camino. Pare a preguntar en una de ellas y sale una señora quien me indica que estaba errado unos diez km. Su rostro me parecía familiar pero yo nunca había estado en esa zona. Sale su marido y me mira extrañado. Me miran raro y me preguntan si les recuerdo. Yo ni idea tenía y me invitan a pasar a almorzar.
Cuando me siento, la señora se dirige al cuarto y sale con una foto en la cual yo tenia 17 años. Los recuerdos afloraron y el asombro de este encuentro nos llenó de euforia. Le había conocido hace 16 años atrás y durante un corto lapso de tiempo habíamos compartido momentos. Esto fue a muchos km de donde nos encontrábamos ahora y para el colmo de la casualidad ellos se mudarían nuevamente y definitivamente al siguiente día a otro lugar. Tenían sus maletas listas al lado de la mesa del comedor. Estuve con ellos un par de horas y desanduve los km perdidos para retomar el camino.

 A medida que iba resurgían recuerdos y rostros en mi cabeza. Llegué a donde debía llegar. Los que eran niños ahora eran hombres y mujeres, hechos y derechos. Los que eran hombres y mujeres entonces, ahora el tiempo les pasaba factura. Casualmente, llegue un día antes del cumpleaños, de quien yo siempre consideré un grande. Casualmente su niño, que ahora era un hombre, se convertía en papá esa misma noche. Casualmente una chancha tuvo cría. Casualmente causal?.


Connie Francis

Conie Francis es Periodista y Webmaster del sitio KLK Motores & Rock y Productora Conductora del programa de radio Rutas Argentinas "Aventuras, Motores y Rock". Nos conocimos a través del ciber espacio y me brindó toda su red de contactos y amigos. Ella vive en Buenos Aires, en realidad en todos lados, pues pasa viajando de encuentro en encuentro cubriendo las novedades y sucesos de todo cuanto ocurre. Me enteré que estaba en Córdoba y se iba al encuentro de Chile. Nos encontramos y mateamos hasta tarde, hasta decidir re encontrarnos en otro encuentro motoquero en los próximos días. Asado, vino, fotos y más mate, adornaron las tardes cordobesas. Conie se lleva el premio mayor al esfuerzo, empeño, camaradería, y amistad. Pocos momentos compartidos pero de los verdaderos, de los que más valen. Mi Sudamérica en moto no hubiera sido igual sin Conie. Visitad su Página y no os arrepentiréis.


Jinetes del viento Buenos Aires

  Seguí viaje hasta Buenos Aires junto a Lola, motera colombiana que conocí en el encuentro de Córdoba. Cuando llegamos a Buenos Aire,s me regaló unas alforjas de cuero y mateamos en su casa junto a Conie. El gran Buenos Aires me enredó en sus calles y di muchas vueltas de acá para allá.
 Cuando llegué, llamé inmediatamente a mi hijo Ezequiel para poder vernos. Hace diez años que no le veo, hace recién tres la madre me permitió empezar a comunicarme con él, hace recién uno que me autorizo a verlo. Cuando hable con él se puso, al igual que yo, contento. Estaba solo en su casa y quedamos en que los próximos días nos veríamos. Los próximos días siguieron de incomunicación. Las llamadas no eran contestadas y me decidí a ir directamente a su casa. Cuando llegué las ventanas de la casa estaban cerradas, decidí esperar hasta que aparecieran. Estuve no se cuanto tiempo hasta que apareció un vehículo de la policía. Recién ahí se abrió la puerta de la casa y salió su madre. La policía escucho sus improperios y luego me invito a “abandonar la zona”.
 El vacio tremendo que esto ha generado en mi existencia es tan grande que casi me lleva a no continuar escribiendo este diario de viaje. Me monté en la Rusa y juntos salimos embalados esquivando trafico con furia y velocidad. Sin saber que pensar, sin saber a dónde ir, sin saber qué hacer, di vueltas y los días pasaron, pasaron en confusión y demás. En fin.
 En buenos Aires se pusieron en contacto conmigo los Jinetes del Viento, quienes me recibieron de maravillas y en los cortos tres días que estuve por ahí la pasamos genial. Ellos se iban a un encuentro en Bariloche así que quedamos en vernos a mi segundo paso por baires. Me fui directo a Mar del Plata donde Chiche me esperaba, me invitaron a un asadito para quinientas personas y luego de conocer a muchos motoqueros, me fui a recorrer las costas del atlántico.
 Perdí el pañuelo que me acompañó en mil aventuras desde hace más de quince años. Me quede en la ruta con la batería muerta y la empuje unos cuatro quilómetros hasta el puesto de policía, donde no quisieron convidarme agua pero si pedirme papeles. Las varillas de la arpa cedieron y una tormenta del atlántico terminó por hacer su trabajo.
Me inicié en el Ninjutsu con Marcelo Petronca, mi amigo de la niñez, cumpliendo uno de mis sueños. Perdí un poco de dinero quien sabe dónde. Conocí a un campeón argentino de motocross y también a una gran escritora. Entrevistas, encuentros, reparaciones y demás, pasaron en esta dura etapa del viaje. Ha pasado tanto, tanto, desde Buenos aires hasta salir de él, que contar ésta etapa, embebido en esta obnubilación, por el gran vacío de no ver a mi hijo, sería un error.


Motoratones Caleta Olivia

Tomo la palabra una vez más, y este teclado configurado en otro idioma me esta volviendo loco jeje. Es larga la serie de aventuras que me ha tocado en los espectaculares caminos de nuestra Sudamérica, pero finalmente puedo retomar la historia, luego de que se me dañara el dispositivo donde tenía todo contado brrr. En fin. Logré escapar del frenesí comercial causado por la temporada turística en la costa atlántica, para dirigirme hacia la tierra de los vientos.
Ya en ruta, conduciendo por esos caminos que parecen infinitos, los vientos no aparecían por ningún lado. Me preguntaba si era verdad todas las cosas me habían contado, pues no veía piedras ni vacas volando. En cada pueblo que pasaba me contaban que, en el siguiente, comenzaban las fuertes ráfagas. En una estación de servicio se me acerca un niño pequeño y me hace preguntas, después el padre. Saludó y se fue. En la ruta vi que venía detrás mío un buen tiempo hasta llegar a otra gasolinera. Cuando nos encontramos de nuevo me preguntó si estaría un rato más ahí. En ese momento, sale de la estación un Motoquero que venia del norte del país y se dirigía hacia su base militar en el sur. Charlamos un rato y tomamos mate, cuando de pronto llega el señor del auto con muchísimas empanadas calientes y una gaseosa, grande y helada.
 Con el Motoquero militar decidimos acampar en el lugar pues ya caía la noche. Al siguiente día mi batería estaba muerta. Hicimos un puente con su moto y el se fue. Yo seguí hasta llegar al siguiente pueblo y buscar una batería o alguien con un tester. Encontré a uno que me guió a otro y este otro lo único en que insistía era en venderme una batería a u precio exorbitante. Me fui a otro lugar y la conseguí a mitad de precio, a demás de eso, el dueño del lugar me la rebajó aun más y me obsequió un foco para el farol delantero. Así sucesivamente hasta que llegue a Comodoro Rivadavia, el mejor candidato hasta el momento para los vientos.
En sus costas, golpeaban olas que se levantaban unos cuantos metros salpicándote hasta las pestañas. Disfrute esto durante un rato y me fui a incursionar en los alrededores para buscar un ciber. En los que encontré no pude conectarme, así que me fui a las pequeñas montañas de por ahí para acampar. Encontré un lugar escondido donde había cosas y chatarras tiradas. También lo que parecía ser un cajero automático desarmado, mmm.
Mientras conducía por donde no tenia que hacerlo se me salió la cadena, ya era tarde así que ahí mismo acampé. En el mismo lugar había una cadena de moto, oxidada y dura, he ahí la foto jeje. Mientras esa cadena, muerta y abandonada, veía con envidia como la mía volvió a su lugar, yo la miraba pensando en cuan feo se había convertido su destino, y en cual feo se veía el del mío. A mas de estirada, re contra gastada, faltándole muchos rodamientos y a punto de cortarse.
 Seguí al sur y unos cuantos Km. mas allá, me paran en un control policial. Al querer seguir, la Rusa se queda sin registro. Pensé que podía ser el cable del embrague así que lo cambie, sin resultados. Empujando para lograr seguir, conduje hasta Caleta Olivia, a unos 70km. Llegue hasta el centro buscando el taller de los Motoratones. Un Motoquero que pasaba por ahí me guió hasta el lugar, donde inmediatamente se pusieron a la obra, colocando unos suplementos al principio y al final del cable de embrague.
Esa tarde tomamos muchos mates y me adelantaron las novedades de su inminente motoencuentro. Uno de los chicos miraba la moto con otros ojos. Todos miran mi moto como si viniera de otro planeta, o mas bien de otro universo jaja, pero él no. Me dijo que le acompañara detrás del taller, ahí, pude ver a una IZH antigua, abandonada hace mucho tiempo. Me dijeron que podía sacar lo que necesitara o que me la llevara entera jaja. Hasta este punto del viaje tenia la cadena a punto de morir y la corona trasera como estrella ninja, bastaba tocar una de sus puntas con descuido y te robaba una gotita de sangre. También tenía el problema de que se saltaba la segunda. Cuando me hicieron el ofrecimiento no lo podía creer, pues no me estaban vendiendo nada, sino que me estaban obsequiándolo todo. Lamentablemente la corona no coincidía y tampoco se podía adaptar. La cadena no la tenia y los faros tampoco. Recordar que vengo cruzando casi todo Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y ahora Brasil, sin luces direccionales jajaja.
Me llevaron a buscar cadena pero no encontramos, no había en la ciudad, no había en ningún lado. Comenzaron a hacer memoria y de tanto pensar se acordaron. La sacaron y estaba como nueva, hasta lubricada!!! La pusimos al lado de la mía y le faltaba unos veinte centímetros. Íbamos a unirle parte de la mía cuando recordé que yo venia cargando con un pedacito de cadena. Cuando la juntamos, solo sobró un eslabón!!! También me regalaron una parrilla que le colocaron en la parte trasera para llevar los bidones de gasolina de reserva.
El encuentro de los Motoratones fue genial, hubo de todo, toro mecánico, música en vivo, etc., etc., y hasta un casamiento motoquero, el cura llego con los pelos parados luego de bajarse de las motos pisteras. El estruendo de los motores al son del festejo de los casados, fue algo espectacular. En el camping me cedieron una casa toda equipada hasta con el refrigerador lleno.


Ruta 281. Puerto Deseado

A la siguiente semana, se venía el encuentro de Puerto Deseado, a unos 200km del lugar. Decidí partir hacia allí.
El primer día se me quemó el foco trasero. Al siguiente el delantero. No había como conseguir en ningún lado así que así nomás andaba, a ciegas jeje. La policía me paro varias veces, en el pequeño centro cada 200 metros. Creo fue el viernes a la noche, salimos todos, muchas motos de la reunión en un bar. Al llegar a una esquina, la policía me señaló para que pare, pero continué junto con todo el grupo hacia delante. 200 metros más allá otro control. Para resumir, después vino un policía a decir que los jefes querían secuestrarme la moto por mis “infracciones”. Ahí nomás me fui al camping donde era el encuentro y desarmé campamento. Salí a la ruta en total oscuridad y acampé al lado de la base militar en zona prohibida jeje. Al siguiente día volví y la agrupación 281 estaba preocupada. Resultado, la policía me pidió disculpas públicamente en medio del encuentro a través del micrófono.
Los chicos de la 281 se portaron genial y su Motoencuentro, el más austral del mundo hasta el momento, es para no perderse. Antes de irme me regalaron un pañuelo firmado por todos y también consiguieron los focos que necesitaba. En puerto deseado tuve la oportunidad de conocer de cerca a los simpáticos pingüinos y muchas aves viviendo en los acantilados. Volví a ver a Conie quien llego de Baires y en este encuentro conocí a tres brasileros, Rodrigo, Adriano y Joao. Con ellos compartimos cortos pero buenos momentos, también embarcamos juntos en una de las dos lanchas y participamos de la entrevista que nos realizaron para TV. y también nos entregaron el recuerdo con las palabras “Las rutas nos unen” de la agrupación 281. Visité una base militar y me regalaron una espectacular cuchilla.


Patagonia, vientos legendarios

Debía seguir al fin del mundo, y para hacerlo, tome unos 200km de ripio hasta un poco antes de San Julián. En ese pequeño trayecto vi cadáveres de animales, atados en alambrados de forma espantosa para espantar a los otros. A partir de ahí, los legendarios vientos patagónicos hicieron presencia. Ráfagas de todo tipo, constantes, entrecortadas, de arriba y de abajo, siempre del oeste. Imposible conducir derecho. La moto va inclinada de tal manea que si una ráfaga se corta de repente te pegas el palazo. En los peores tramos, el viento te lleva de un carril a otro sin que puedas hacer nada, mas que intentar cortar el viento y volver por un rato a tu carril. Es impresionante como te bambolea de un lado a otro, peor cuando te lleva al carril contrario y vienen camiones de frente. Si se intentara parar sobre la banquina es caída segura. Luchar contra estos vientos fue chévere.
 Llegué al Estrecho de Magallanes para cruzar en barco a la isla de Tierra del fuego, isla grande, pelada, con mucho ripio y mucho viento. Cuando estaba en la orilla del estrecho, miraba del otro lado y sabía que ese era el fin.
 El barco llegó y con la Rusa por momentos nos creímos navegantes. Cruzamos en 25 minutos. Al lado del barco iban toninas. Una vez en la orilla, el barco soltó sus grandes rampas de metal. El sonido del metal al bajar lentamente, era como abrir una pesada jaula. La Rusa encendida y lista para hacer el tramo final. Atrás quedaba el continente, lejano.


Ushuaia, fin del mundo

  Bajé por esa rampa como alma que lleva el diablo. La gente alrededor miraba con curiosidad y yo pasé a todas. A la derecha un local y a la izquierda, hasta el mismo borde de la ruta, horribles campos alambrados con púas y minados. Me llamó la atención la gran cantidad de manchas de sangre en el camino. Restos de cuerpos aplastados por los vehículos. Pobres zorros sorprendidos en su picardía.
 Una vez en ripio, estaba cerca de la frontera argentina, a unos pocos Km. para llegar, un camión retrasaba mi paso. Cada vez que quería pasarlo me cerraba una y otra vez. En un momento me da paso y me mando. Los fuertes vientos del oeste levantaban una columna de tierra espantosa de la ruedas del camión. No veía para pasar pero me mandé. Grave error jeje. Cuando estoy a mitad de recorrido del camión y pasada la parte gruesa de la columna de tierra, el camionero hace una jugada hacia mi lado, el ripio suelto hizo lo suyo y me saca del camino. Salí volando una vez más, esta vez a una zanja. Fue una fuerte caída jeje. Un automóvil que venia detrás se paró y se bajaron asustados. Sus rostros sorprendidos me miraron y preguntaron si estaba bien. Yo estaba tapado de tierra y un poco golpeado, pero entero. No podían creer que no me pasara nada y me ayudaron a levantar la moto. La parrilla de atrás se partió y se salió. Los puños del manillar me llegaban a las rodillas y el equipaje quedó esparcido por todos lados. Me levanté y continué.
 Llegando a la frontera chilena me encuentro con dos Motoqueros de Rafaela, Santa Fe, Rene y Horacio, quienes habían olvidado hacer los papeles para ingresar las motos al entrar al país. Se les veía muy preocupados por su situación, y por la mía jajaja. Solucionaron sus papeles y también me compraron un par de stikers. Ellos salieron antes así que ahí mismo nos despedimos.
Llegando a la frontera Argentina me cruzo nuevamente con estos dos grandes aventureros, luchando valientemente con los fuertes vientos y ripio suelto del camino. También me encontré con la familia del automóvil, en el también iba un niño. Me contaron que el camionero les hizo lo mismo tirándoles el camión encima y que se armo lío con la autoridades con este tipo a quien denunciaron.
Una vez hecho los papeles, a unos 50 metros me fui a cargar gasolina. También vinieron Rene y Horacio e intercambiamos más palabras. La reunión era pintoresca, pues yo quería saber de su viaje pero ellos del mío, entonces, es donde se forma una conversación divertida y apresurada jeje. Mate de por medio me di cuenta que Rene tenia algo diferente en su mirada. Solo he visto esto en muy contadas ocasiones. Este era su primer gran largo viaje en moto y era la primera vez que veía el mar!!!. Ahí mismo le bauticé como "el hombre que vio el mar". Yendo al fin del mundo y viendo el océano por primera vez. Es algo que solo se puede admirar en el brillo que esto causa, en los ojos de quien lo vive por primera vez.
Me filmaron, sacamos algunas fotos y Horacio se adelantó. Yo continué con "el hombre que vio el mar" y mas adelante, Horacio estaba al costado de la ruta filmando nuestro paso. Más adelante nos paramos en la ruta para despedirnos. Cuando frenamos, me saco los lentes para saludar a estos grandes aventureros. Me doy cuenta que veía mejor sin los lentes pues la luz ya era escasa. Rene sacó de su equipaje unos lentes que sirven para ver con baja luz y me los obsequió. En ese instante, un automóvil que venía de frente por estas desoladas zonas, nos hace señas con las luces y se detiene. Increíblemente era Guillermo, a quien yo conocí a más de 3000km de distancia en la lejana Buenos Aires, en plena temporada de playas y entre miles de personas. Ahora nos encontramos ahí, en medio de la nada. Nuestras sonrisas llegaban de oreja a oreja y no podíamos entender cuan chico era el mundo jaja. Creo que el mundo no es un pañuelo, sino que es cualquier cosa más pequeña que un pañuelo. Nos despedimos, Guillermo en su auto al norte y Rene y Horacio al sur.
 Yo, mientras conducía, quedé un rato pensando en coincidencias jeje. Llegué a Río Grande de noche con fuertes vientos y un frío que partía mis huesos. Los últimos Km. hasta aquí la Rusa me sorprendió, el único tramo en todo el viaje en que iba a 120kmph sin esfuerzo, normalmente la llevo a 110kmph.
Acampé entre unos arbustos. Ya tarde como a las 4am, entró un mensaje de texto en mi celular, de los aventureros invitándome a un Dpto. que habían alquilado por esa noche.
Mañana siguiente hacía un frío feo y húmedo. Seguí ruta hasta que tuve que parar y sacar todo el abrigo que tenía. Cuando digo todo, es todo, parecía físico culturista jaja. Así y todo el frío ganaba.
 Luego de que las zonas peladas desaparecían, asomaba una vegetación diferente. Una llovizna tenue pero persistente logro mojarme de las rodillas para abajo. Curva va, curva viene, no podía ver paisajes. El cielo encapotado y oscuro tornaba la llegada al fin del mundo de misterio. De pronto y sin preludios llegué a Ushuaia, la ciudad donde dicen que no hay truenos, no hay relámpagos, pasándome el cartel de bienvenida a la ciudad más austral del planeta jeje, junto al control policial. Me detuve, di la vuelta y regrese para hacer la foto. Seguí pasando por el centro pero no me detuve. Continué muerto de frío y con los pies y piernas re mojadas, los 30km hasta el final del camino.
 Mientras llegaba, pensaba en como sería esa foto triunfal jeje. El camino de tierra entre una espesa vegetación me llevo hasta el cartel, no sin antes cruzarme con otro motoquero de Brasil a quien conocí mas de 1000km antes. En ese primer encuentro, yo le vi parado en la ruta en medio de la nada. Paré a ver si estaba bien pero cruzamos pocas palabras. Parecía desconfiado. Ahora, el volvía del cartel que marca el fin del camino y estaba eufórico. Se bajó de la moto y se abalanzo sobre mí para darme un abrazo. Hablaba súper rápido el portugués y yo no entendía nada jaja. Nos despedimos y continué.
 Había muchos turistas y frente al cartel, unos palos que impedían el paso de los vehículos. Iba frenando y no quería estacionar para luego meter la moto junto al cartel. No vine de la mitad del mundo y ahora, en el fín del mundo, nada impediría tocar ese cartel. Me deslicé suavemente y no decidía si a la izquierda o a la derecha del cartel. Así que lo que hice fue pasar entre los palos y chocarlo de frente jajaja. Cuando lo hice, dejé el motor encendido unos segundos, después lo apagué. Solté el manillar y cerré mis ojos. Unos segundos, solo unos segundos, donde ese momento irrepetible, quedaría grabado para siempre en lo más profundo de mi alma. Había llegado al fin del mismísimo mundo. Ya no vería el mapa de la tierra con los mismos ojos. Pensé en el Eze, mi hijo. Por mi mente pasaron muchos recuerdos. Recuerdos de cuando salí, de mi experiencia sobre una moto, 2500 Km. apenas, y 470 en ruta. De cuando me decían que primero practique, de cuando yo respondía, que era imposible practicar los peores caminos de Sudamérica sin recorrerlos. De cuando ninguno, excepto mi mujer, fue a despedirme, de cuando nadie creía que iba a lograrlo, de cuando miraban mi moto, la Rusa, mi primer amor, con desconfianza.
Ahora, estaba ahí, y en el silencio intimo con mi moto, podía escuchar los ecos de todos aquellos que me apoyaron en el camino. Salí solo, pero llegue en multitud, he aquí la inmensidad. Sentía la fuerza de mis hermanos de Rusia, de las Águilas Legendarias, de Lima Moto Club, de los Jinetes del viento, de los Motoratones, Conie, 281, y muchos más, y de muchos moteros solitarios. Tantos rostros, tantas palmeadas y pulgares en alto, tantas sonrisas, tanto apoyo. Abrí mi ojos y a mi alrededor, los turistas sonreían. Algunos me mostraban sus pulgares en alto, otros sacaban fotos, otros filmaban. Yo, me moría de vergüenza jajaja. Me baje de la Rusa y la deje junto al cartel. Nadie se molestó e inclusive se sacaban fotos junto a ella.
Caminé los pocos metros hasta la orilla del canal de Beagle. Saqué mi teléfono y no tenía señal, lo levanté un poco y apareció un punto. Me subí a la baranda de la pasarela y estiré el brazo lo más que pude. Apenas tenía señal. Llamé a mi mujer, quien apenas me escuchaba con la señal entrecortada. Le grité te amo. Los turistas miraban como hacia equilibrio en la baranda y con el teléfono allá arriba en lo más estirado de mi brazo, apuntando al cielo, yo me hice el boludo jeje. Alcanzó a preguntarme donde estaba, alcance a decirle que en el fin del mundo. La señal se cortó.
Miré el horizonte un instante, pisé la orilla, carajo que momento. Me agaché, miré el agua y con el puño cerrado, estiré mi dedo índice y la toqué. Recordé en ese momento el deseo de un motoquero a quien le decían “rayo” que quería llegar hasta ahí, al fin del mundo. Recordé que su deseo era llegar y orinar el gran canal pero no pudo hacerlo. Me pareció genial. Unos cuando llegan, se desnudan y se tiran al agua helada, otros, hacen mil cosas diferentes.
Yo, en su honor, cumplí su deseo.


Ushuaia, donde la Rusa dijo "basta"

Luego de unos poderosos mates tibios, emprendí la vuelta. Llegue rápido al centro y me fui a un ciber, estaba lleno y me quedé charlando con Emilio, quien ahí trabajaba, después un contacto del blog me pasó a ver en media hora.
 Al siguiente día, salgo a recorrer la pequeñísima ciudad. Estaba en un semáforo y cuando da verde, arranco. Luego de meter segunda, un sonido terrorífico a metal destrozado, rompió el silencio. La Rusa dijo basta, y ahí, en medio del tráfico, quedo trabada. Llevamos la moto al taller de mi contacto y luego de ver que nada se podía hacer desde “afuera” decidimos abrir. Una vez abierto el motor, vi como la horquilla de la selectora estaba partida junto a un engranaje roto. En ese momento recordé el ofrecimiento de los Motoratones, “llévate lo que quieras”. Luego de sopesar las alternativas para saber si los repuestos de la caja servirían, decidí viajar los, más o menos, 1300km hasta Caleta Olivia. 
 Una camioneta salía para aquellos lados a la mañana siguiente, así que apronté la bolsa de dormir, el casco, los guantes y los repuestos rotos. Aprovechando esta camioneta “no” gastaría el dinero que “no” tenia para ese viaje jeje. Mi contacto iría a unos doscientos Km. de Caleta a un encuentro y ahí nos veríamos para llevarle los repuestos. Se los entregaría y yo volvería a dedo. De esa manera ganábamos tiempo.
 Los dos chicos que llevaban el vehículo levantaron a otro que estaba en el mismo hostal que ellos. Éramos cuatro así que el viaje no sería aburrido. En cuanto me subí a la camioneta e hicimos un par de Km. comenzó a bajarme la presión. Mareado y entupido me percate de cuanto hacía que no estaba en un vehículo cerrado y en movimiento.
 Llegamos a la frontera y nos dispusimos para hacer los papeles. Después de un rato nos dicen que podíamos irnos, excepto el chico del hostal. Nos miramos extrañados y por consenso decidimos esperar un poco a ver que ocurría, después de todo, íbamos en el mismo barco. Un militar de frontera salió y pidió requisar el vehículo. Trajo un perro y reviso hasta el último rincón, mientras otro gendarme nos pidió los papeles nuevamente. Salieron tres gendarmes más y nos separaron incomunicándonos. Varias horas después llegaron personas de civil con armas en la cintura, nos leyeron una orden judicial para requisarnos, y de nuevo al vehículo. También la orden venía con incautación del dinero en efectivo que lleváramos encima.
 Más y más horas, nos comimos el garrón del siglo. Mejor evitar detalles pero, baste decir que nos querían hacer cómplices del chico del hostal, a quien se llevaron preso, en robo y dinero falso. En un momento saqué un stikers de Sudamérica en moto y se lo pegue al policía al lado de su cara en un mueble. Le dije que visite el Blog si quería saber algo de mi jaja. En fín. Nos largaron a los tres después de la típica requisa y fotos para el prontuario jajajajaja. Pensar que me he sacado tantas fotos por este viaje y me han sacado tantas que nunca imaginé que iba a posar como un delincuente.
 Cuando salimos, se me acercó uno de los jefes a pedirme disculpas. Vimos que había una fuga de aceite bastante grande debajo del vehículo. Decidimos los tres volver a la ciudad de Río Grande y dormir hasta el día siguiente en el auto hasta arreglar. A media mañana ya estaba todo listo y de nuevo a la frontera. Cuando llegamos ya todos nos conocían jeje. Apenas bajamos del vehículo se acerco un mochilero pidiendo que le lleváramos. Los tres nos miramos y le miramos. Le dijimos que si. Una vez arriba nos reíamos con el mochilero, quien no entendía nada, al preguntarle si tenía antecedentes.
 Llegué a Caleta Olivia pasada la media noche. El taller estaba cerrado pero adentro estaban los chicos trabajando. Ya tenía los repuestos, los cuales no coincidían exactamente pero debía llevarlos a mi contacto a otra región, distante unos 200km de ahí, a un moto encuentro. Me regalaron un pasaje en bus y ahí me fui. Cuando llegué, vi a mi contacto y quedamos en que a la mañana siguiente se los llevaría. Al otro día no apareció. Llame a su celular y no pasó nada.
 Fernando, un Motoratón, envió a su esposa en bus a Caleta y me llevo en su moto pistera a toda velocidad. Mañana siguiente me llevó en la pistera hasta la salida de la ciudad, me ofreció dinero para irme en bus pero yo no podía aceptar tanto.
Estuve unas tres horas parado haciendo dedo, intentando que el viento no me tire. Cientos de vehículos pasaban hasta que uno paro. Yo debía volver a Ushuaia unos 1300km. Me llevó hasta San Julián, donde seguí haciendo dedo hasta que se hizo la noche. Me metí dentro de la bolsa de dormir detrás de la estación bajo un inmenso cielo estrellado, y un frío que no me dejo dormir en casi toda la noche. Al otro día de nuevo, cientos de vehículos hasta que uno paró.
 Era un señor como de 70 y pico de edad. Mucho mas flaco que yo y fumaba el doble que yo, imagínense jajaja. Sus lentes eran gruesos y conducía rapidísimo. Era un peligro al volante jajaja. Llegamos a frontera y yo le ayudaba a completar sus papeles porque el no veía bien. En la frontera chilena bajamos en medio de un viento fuertísimo. A mi casi me tira al piso al bajar del vehículo. Al él lo tiro y cayó a un gran charco de agua que había de su lado. Lo tomó con humor y seguimos adelante.
 Llegamos ya tarde a Río Grande, me dejó en la ciudad y caminé hasta salir de ella. El viento era terrible y difícil mantenerse en pie. La noche ya era casi una realidad y ya no pasaban vehículos, el frío imagínense. No había ningún reparo y ya era preocupante jeje. Recordé a Guillermo y le llame por mi celular, no se escuchaba nada por las ráfagas de viento, alcance a decir que estaba a las afueras del sur de la ciudad. Vino en diez minutos. Luego de contarle un resumen de los hechos me dijo que podía quedarme en su casa hasta el siguiente día o me embarcaba en una pequeña camioneta hasta Ushuaia para ganar tiempo en reparar la Rusa. Decidí embarcar y visitarle a la vuelta.
 Llegué a Ushuaia pasada la media noche. Mi contacto no estaba así que le dejé los repuestos a su esposa. Me fui a buscar reparo en una de las ciudades mas frías del mundo jaja. En Ushuaia no hay un maldito reparo. La ciudad esta preparada para que nadie viva en las calles, así nadie muere congelado. Yo podría haberme ido a los bomberos o a la policía u hospital. Pero no. No se trataba de eso. Encontré una caseta abierta pero con techo de parada de bus. Ahí me tiré con mi bolsa de dormir. Como a las dos y media recién logro dormirme y a las tres me despiertan dos policías. Luego de tener que mostrar papeles y explicar la no corta historia de cómo llegué yo ahí, me pidieron que me vaya pues estaba prohibido ptrrr. Mientras caminaba muerto de frío a las tres de la mañana, sin dinero, sin mi moto, con hambre y pocos cigarrillos, mi humor empezó a cambiar jajaja. Los días pasaron y entre que el contacto armó el motor y tuvo que desarmarlo nuevamente por trabársele la caja, perdió un rodamiento, no comprendía el funcionamiento de esta caja, dejo fugas en la tapa del cilindro, filtración de la bomba de agua en los discos de embrague, etc.
 Estaba yo, como a las doce y media de la noche, intentando dormir en el frío al costado de la bahía bajo unos arbustos. Miraba a lo lejos la gigante bandera argentina, la misma que mi amigo Emilio me había contado, cuando sonó mi celular. Era Emilio quien me pedía que vaya a la casa de su hermana para quedarme con ellos. Pasé con ellos increíblemente, una ambiente de hogar excepcional. Vicente me armó y soldó una parrilla para sujetar las alforjas, Su esposa Claudia me cosió y lavo la ropa, me regalaron muchas cosas.
Costó dejarlos y emprender la vuelta.


La ruta 40

  Un par de días antes de iniciar la vuelta tuve una grata sorpresa. Mi primera agrupación en Moscú, Rusia, me enviaba un mensaje. Hacía tiempo que no me comunicaba con mis hermanos de Rusia, por lo complicado del idioma, el uso de traductores y demás, es difícil de usar en los cibers. Cuando se me rompió la caja, yo podría haberme comunicado con ellos para pedir apoyo, pero no lo hice. Ellos vieron la foto con el motor desarmado en el blog y se comunicaron. Habían decidido mandarme las cosas necesarias para arreglar mi Yunker.
 El problema era el tiempo para coordinar el recibo de la caja con mi ubicación en el mapa del continente. Podía recibirla en casi cualquier lado, pero me decidí por el ofrecimiento de Emilio, de recibirla en la casa de su madre en el centro del país. Pero todavía tenía que volver por la famosa ruta 40 con unos 1000km de ripio y poderosos vientos. El motor en el estado en que estaba y la predicción de mi contacto de que en cualquier momento el embrague dejaría de funcionar y la corona trasera no llegaría a Buenos Aires. En fin. Emprendí la vuelta y la Rusa parecía bien.
 Pase por Río Grande a visitar a mi amigo Guillermo solo de pasada. Ese mismo día que llegué, a el le llegó su moto nueva, imaginen su felicidad. Nos tomamos un café apresurado en la estación de servicio y me acompañó en su nueva moto hasta las afueras de la ciudad, en el apuro olvidé tomar una foto.
 Seguí hasta la frontera donde pasé tantas veces jajaja, 16 malditas veces tuve que hacer frontera jajaja. Y comenzó el ripio. El camino iba bien hasta que en un tramo había pasado una máquina aflojando todo el ripio y borrado toda huella. Era como una alfombra de piedra suelta. Horrible conducir por ahí. En un momento derrapo a baja velocidad y la moto se me fue de costado. Caída suave y tonta jeje. Pero el talón del pedal de cambios cortó la manguera que va del radiador al motor. Perdí en un instante todo el liquido refrigerante y también se rompió la pata de la Rusa. Me parecía mentira tanta mala leche jajaja o tanto descuido jaja. La isla de “Lost” no quería dejarme ir...
 Pensando en como solucionar el problema de la manguerita pensé y pensé. Hasta recordar, que unos 3000km atrás me paré a fumar un cigarro y 200 m más atrás se para una moto y estuvo unos minutos. Yo no veía bien así que me monté en la Rusa y retrocedí para ver si estaban bien.
 Estaban bien, solo estirando las piernas. Nos sacamos un par de fotos y continué mi camino. Km. más adelante ingreso a una estación y ellos ahí. Cruzamos más palabras y el chico quería darme algo, busca en sus alforjas y solo tiene un pedazo de manguerita. El la mira, y mira las que están en mi motor. Me dice que algún día puedo llegar a necesitarla y me la obsequia. Sin comentarios.
 Una ver recordado esto, se imaginan con la desesperación que revise mis alforjas, rogando no haber perdido la manguerita salvadora. Cuando la encontré, pensé en todas las coincidencias de este viaje y pensé, que si dios existe, se vistió de Motoquero jajaja.
 Pero la isla, tenía otras ideas. Conseguí agua en una hacienda cercana y seguí muchos Km. mas allá, el sol comenzaba a bajar, el frío a aumentar y los problemas también. La Rusa comenzó a generar como contra explosiones y los sonidos que despedía eran desesperantes. Por el sonido parecía que iba disparando balas y fuegos artificiales. Comenzó a perder potencia y yo no sabía que podía ser, esto nunca me había pasado. En mi cabeza estaba la duda de cómo había quedado el motor luego de “dos” desarmadas y armadas.
 Logré llegar cerca de un pueblo casi a oscuras. Otro atardecer nos sorprendió aventurando por zonas inhóspitas, mientras nuestra sombra se retorcía entre lo pedregoso del camino. Mi foco solo alumbraba a unos dos escasos metros jaja. Acampé nuevamente al costado de la ruta, exhausto. Más lata de atún y agua tibia.
 A la mañana siguiente vuelvo a encender la Rusa y todo parecía bien. Sigo para poder llegar al barco y salir de la isla. Cuando llego, apago el motor para esperar que llegue el barco. Cuando el barco está cerca, quiero encenderla para estar listo y no hubo caso. Después de un rato ya todos habían embarcado y yo no lograba encenderla. La isla de Lost no quería dejarnos ir. Pero yo estaba dispuesto a subir a ese barco a como dé lugar. Le dije a los tripulantes que se hagan a un lado pues aprovecharía la bajada para encenderla, pero si esto no funcionaba, subiría al barco con el mismo envión. Me miraron casi con lastima y se hicieron a un lado. Me monté, la empujé y en la bajada no prendió. Seguí con el envión y logré llegar, con las justas, hasta el borde plano de la rampa con la rueda delantera. Una vez arriba estuve los 25 minutos de viaje intentando encenderla. Creo que nunca me costó tanto hacerla funcionar. También me llamo la atención de que la gasolina se había consumido por demás, así que le agregué el bidón de reserva. En el barco no me cobraron el pasaje.
Cuando llegamos a la otra orilla, venía lo peor. Bajaron los camiones, autos y camionetas y yo de último otra vez. En la orilla todos los demás, esperando ansiosos a embarcar para hacer el viaje a la isla. Si yo no lograba salir de ese barco terminaría en la isla otra vez, carajo, jajaja. Cuando todo parecía perdido, la Rusa, una vez más, encendió, llenando todo el barco de humo y haciendo ruidos espantosos. La gente aplaudía en el barco y en la orilla, yo no sabia donde meterme jajaja. Comencé a bajar y después a subir. La subida de este lado es tremenda. Casi se me queda a mitad de camino. La gente alentaba como si se tratara de un partido de fútbol, otros miraban anonadados. Logré llegar arriba y así como llegué, seguí.
 Hago varios Km. y todo bien hasta que comienza a perder potencia y hacer más ruidos. Abro un poco el cebador mientras conduzco y todo mejora, pero llegando a un par de Km. de otro pueblo vuelve a fallar. Paro nuevamente y me doy cuenta de que se me trago 5 litros en solo 24 km. Paro y consigo que me den gasolina de un auto. Me percato de que no tenía mas aceite dos tiempos por confiado. Camino 2 Km. hasta un pueblito pequeño y en la municipalidad me regalan medio litro de una buena marca. Regreso y desarmo el carburador. Estaba limpio pero habían puesto mal la goma de la tapa donde va la aguja. De esto me di cuenta al sacar el filtro de aire pues a simple vista no se veía. Abrí la tapa de los platinos y la chapa que sostiene la esponja para lubricar se había roto. Cuando le colocaron no le dieron el ángulo justo y esta se partió al contacto del árbol. Saqué todo y puse el último de los dos juegos nuevos de platinos que tenía. Calibré los platinos y le di el ángulo justo a la chapa. Arme todo, prendí un tabaco y encendí la Rusa. Ella encendió perfectamente y continuamos una vez más hacia nuevos destinos.
 Solo había conseguido 5 litros de gasolina así que llegaría con las justas a Río Gallegos. Llegué a una rotonda y no recordaba si era para la izquierda, o derecho, la estación de servicio. Pregunto a alguien y me dice izquierda. Hago 5 cuadras y me quedo sin gasolina. Pregunto a más personas y resulta que si seguía para el otro lado a dos cuadras llegaba justo a otra. Empuje la Rusa siete cuadras y llegue a cargar. Me canso solo de recordarlo jajaja. Debí gastar casi todo el dinero que tenía en líquido refrigerante, liquido para sellar las perdidas, aceite dos tiempos y agua destilada. Una vez mas la Rusa cenó de lujo y yo pan con mortadela y mate jaja.
 De ahí en mas todo "ok" hasta llegar a Calafate, y desviar un poco mi camino para visitar el espectacular glaciar Perito Moreno. Después, el ante último gran desafío, hacer la ruta cuarenta. El último es volver a casa. La ruta 40 esta desapareciendo como tal. Muchísimos Km. están siendo preparados para asfaltar. Paisajes planos y desolados, mucho viento y frío. No crucé más de seis vehículos en todo el trayecto y un grupo de motos que venían de no se donde. Estaba fumándome un cigarro cundo los veo venir bien juntitos. Pasaron todos de largo jeje. El ultimo paro a diez metros de mí y retrocedió, se bajo, sacó su cámara de fotos y le sacó una a un carpincho que andaba por ahí. Luego siguió detrás de los demás. En esta ruta 40 me crucé también con un señor de Corea del sur, iba en bicicleta, en realidad a pie y empujándola con un carrito detrás. Paré a su lado a ver si necesitaba algo y le quise regalar unas sopas instantáneas que llevo para emergencias, pero se negó amablemente, el solo comía arroz y vegetales, creo que era budista. Mientras charlábamos, la roca que sostenía a la Rusa se partió y ella cayó de costado. El señor preocupado me preguntaba si ella estaba bien. Yo le dije que estaba acostumbrada.
 Me dirigía a Junín de los Andes, y absorbido por los bellos paisajes, nuevamente olvide cargar gasolina jaja. Cuando me doy cuenta, paro y destapo los tanques, me quedaba para unos 15km máximos y me faltaban unos 85 para llegar. A más de esto y para variar no había nada. Los vientos eran muy fuertes y estaba condenado a quedar varado. Arranco pensando en mi olvido cuando, unos trescientos metros mas adelante, veo por mis espejos que una moto cargada se me pone atrás bien cerca. Comencé a frenar pues se puso tan detrás mío que pensé necesitaba algo. Pero no, era otro aventurero quien se había lanzado desde Baires en su moto pistera. Charlamos un rato y me pasó gasolina que llevaba en un bidón de reserva. Llegue a Junín con el tanque solo pintado de gasolina. Si hubiera hecho una cuadra mas ahí quedaba jaja. El pistero atravesó muchos horizontes a toda velocidad para llegar al rescate en el momento indicado. Parece mentira, pero todas las casualidades de este viaje dan que pensar jaja, pero yo prefiero no pensar y solo mirar y divertirme por como ocurren, parece una "matrix".
 En Junín me recibió un Motoquero dueño del bar el Roble quien me dejó barra libre toda la noche. A la madrugada del siguiente día seguí viaje con muchos litros de alcohol encima jeje.


Rumbo a Uruguay

  Seguí adelante hasta entrar en Mendoza y de ahí a Villa Mercedes San Luís, donde llegaría el envío de Moscú. El paquete no había llegado. Me pasó a buscar el hermano de Emilio y conocí a su mamá. Después llegaron Martín, Javier y el flaco, quienes preparan un viaje a Ushuaia por la ruta cuarenta, en sus motos y con un carro remolque de su invención, bautizado como “Asco 1”
Este trío de aventureros me dio una mano increíble. Se volcaron sobre la Rusa como si lo hicieran con las suyas. Tenían en su pared una corona nueva, colgada ahí durante más de un año si mal no recuerdo. La descolgaron, la adaptaron, me la regalaron y la colocaron. También se dieron maña para arreglar la horquilla trasera que estaba suelta a mas no poder, con unos diez centímetros de juego para ambos lados. Quedó como nueva. Uno de esos días que estuve con ellos en el taller, salí a comprar cigarrillos, cuando regresé, habían comprado un farol nuevo y completo y se lo habían colocado a la Rusa. Antes alumbraba a dos metros y solo funcionaba la alta jaja. Ahora, la baja alumbraba unos 50 metros y el alta unos 100. Descubrieron mejor el funcionamiento del embrague de mi Rusa que nadie, pues ahí en Mercedes ya me comenzó a fallar otra vez. La dejaron genial, y antiguas predicciones morían en su intento. Al igual que la corona, si no la cambiaba, iba a seguir por lo menos hasta Venezuela. También me soldaron la pata, así que ya no necesitaría más, de tacos de madera o piedras incomodas para que la Yunker quede bien parada. Desarmaron, cortaron, enderezaron y soldaron, todos los hierros de los estribos y el mataperros que venía chueco y suelto. Este trío de aventureros hizo tantas cosas por mi, al igual que David, el hermano de Emilio, que el solo recodarlo se me hace un nudo en la garganta.
Tuve que continuar viaje y me acompañaron hasta las afueras de la ciudad, ellos se encargarán de enviarme el paquete cuando llegue de Moscú hacia donde yo esté.
 Ahora me dirigía hacia la provincia de Santa Fe, más precisamente, a la hermosa ciudad de Rafaela. Ahí, estaban el "hombre que vio el mar", René, y Horacio, los aventureros de la gran patagonia y el fin del mundo. Cuando yo estaba en Ushuaia revisando mapas para ver lo del envío, pensé en visitarlos en sus propias tierras. René varias veces me envió mensajes y llamó, al igual que muchos, para ver como estaba e invitándome a visitarle. Yo siempre le dije que sería imposible pues no estaba en mi ruta jeje. Mientras me comía el mapa adaptaba mi recorrido para verle y llevarle intactos, los lentes que tiempo atrás me regalara.
 Llegué al centro de Rafaela ya de noche y le llamé. Se puso contento por la llamada y yo le pregunte como andaba todo por su ciudad. El dijo que bien pensando que yo estaba lejos. Cuando preguntó donde yo estaba y le respondí, no podía creerlo jaja. Vino en cinco minutos. Fuimos a su casa y tuve el placer de conocer a su esposa. Le dije que tenía un regalo para él y saqué sus antiguas gafas, llenas de polvo pero intactas. Conocí a su familia y amigos y la pasamos genial, quedándome cinco días. Me brindaron tantas cosas y tantos regalos que la lista es larguísima. Pero especialmente gracias René, por la bandera argentina firmada con tan buenos deseos, y las costuras y la chaparrera y etc. etc. etc. jaja, y gracias Horacio por tus obsequios y todo tu apoyo, espero verlos por Ecuador algún día. Gracias Majo por la cena y el perfume de Antonio Banderas, ahora ando lleno de polvo pero huelo a la moda jaja.
 Argentina venía hace unos días con cortes de rutas en todo el país, y ya había logrado cruzar muchos. Durante mi estancia en Rafaela se intensificaron y ya no podía quedarme más, así que continué camino para pasar al Uruguay. Solo me faltaba cruzar una última provincia para salir del país sin problemas por mi falta de seguro jeje. Creo haber batido record de zafar de controles policiales sin seguro, sin luces direccionales, y más.
 Estando en ruta en medio de la Provincia de Entre Ríos, tuve que parar muchas veces al costado de la ruta, porque parece que la Rusa no quiere irse de los lugares donde se siente bien jaja. El barbijo del casco que venía roto hacía varios miles de km, terminó por romperse del todo.
 Otro corte me paró, pero en este no pude escabullirme para pasar. Me pidieron que esperara quince minutos. Un periodista de radio se me acercó y quería entrevistarme. Mientras lo hacía, y en vivo con estudios, le suena el celular. Era una invitación de un oyente para que yo les visite en la ciudad de Villaguay. Como el destino parecía sellado a pasar la noche cerca de ahí, solo me desvié un Km. y medio. Llegué al lugar del contacto y conocí al de la llamada, Tato, de la agrupación la Roca Moto Club. Empanadas, historias y demás, me regalaron una carpa nueva, mas de diez litros de gasolina, y me consiguieron un barbijo para el casco, también le agregaron un par de extensiones a mi encogida chaqueta.
 Un día antes de irme salgo a recorrer la ciudad. La Rusa estaba bien excepto lo del embrague. A la mañana siguiente vienen a despedirme, yo con la moto cargada y lista nos fuimos hasta lo de Tato. Al arrancar comenzó otra vez con las contra explosiones. Perdí potencia y ya no andaba a más de 40kmph. Yo no podía entender como el día anterior estaba bien y ahora de la nada y listo no podía irme. Me llevaron a un taller y descubrieron que era un condensador. Consiguieron un par de automóvil y se lo colocaron. Santo remedio. 
 Seguí viaje e ingrese al Uruguay. Pensaba estar en Brasil ese mismo día, pero quería pasar por la casa de la mamá de unos Motoqueros, que conocí en la costa tiempo atrás en su luna de miel. Yo les había prometido visitarles en Buenos Aires al igual que muchos pero no fue posible. Llegué a Tacuarembó, en medio del País, a la plaza principal. Reviso la dirección y busco la calle. Cuando encuentro la calle busco el papel para ver de nuevo el numero de la casa y, lo había perdido. Conduzco sin tener idea de a que altura seria. Paro en cualquier lugar a buscar de nuevo el dichoso papelito y mientras lo hacía, sale una chica de la casa que estaba a mi lado. Le pregunto si por casualidad conocía a… y si, otra casualidad para la agenda, esa era la casa.


Brasil

  Mañana siguiente ingresé a Brasil, llegué a la policía federal y el encargado de sellarme el pasaporte me hablaba a mil y no entendía nada de nada. El era un Motoquero y me mostró su moto. Tuve que esperar mucho en otro lugar, la aduana, para que me atiendan y hacer los papeles.
 Seguí rumbo norte pero antes paré a cargar gasolina. Había muchos motoqueros y me invitaron a un encuentro que daba en mi ruta. Accedí a ir y seguí a Sao Gabriel, llegando por la tarde. Era genial pues debía acampar de cualquier manera y que mejor que rodeado de los míos. Llegué a las afueras de la ciudad y en una esquina había un toldo donde los organizadores del encuentro te esperaban con café o jugo y sándwich. Uno de ellos me guió al centro de la ciudad donde estaba todo bien organizado. Pase la noche en el encuentro y al siguiente día continué camino.
 Se me cortó el cable del embrague y ya no tenia otro, así que seguí sin el mismo. Comencé a tener problemas con la gasolina, aquí tiene mucho etanol. Esto me complicó el asunto y llegó un punto de ese mismo día que la moto ya no andaba. Paré al costado de la ruta para ver que podía hacer pero nada. Ya había perdido el tiempo intentando que me entiendan para activar el nuevo chip del celular sin conseguirlo jaja. Aquí la cuestión telefónica es muy diferente. En fin. Terminé acampando al costado de la ruta nuevamente y al siguiente día me levante temprano para solucionar.
 El etanol, por lo que me contaron después, afloja toda la mugre de tanque y te tapa todo. Esa mañana vi que el tanque izquierdo había consumido su gasolina y el derecho estaba intacto. Saque los filtros y limpié pero nada. Incliné la Rusa para que pase la gasolina de una tanque a otro y continué.
 Estaba a unos 30 o 40km de Cruz Alta. Llegué rápido y me metí en la ciudad, debía solucionar la cuestión de mi teléfono o seguiría incomunicado, como hasta ahora jeje. Paro en una gasolinera para cargar combustible y veo que tiene Internet. Ingreso primero a revisar mi correo y después seguir. Cuando alguien toca mi hombro y me habla, por supuesto no le entendí mucho. Era el dueño de la estación preguntándome de donde venía. Miré para afuera y varios rodeaban mi moto. Salí y me saludaron amablemente. Llegamos a entendernos y uno de ellos a quien le vendí un stikers, al mirarlo, me dijo que sabía quien era yo. Que tenía unos amigos que me conocieron en argentina. Les llamó pero no tuvo respuesta. Yo no sabía a quien se refería pues conocí muchos brasileños en las rutas. Ellos me invitaron a quedarme en un bar que estaba a dos cuadras en pleno centro. Cuando me instalé en la parte de atrás del bar, inmediatamente comencé a desarmar el carburador.
 A los diez minutos mis ojos no podían creer lo que veían, estoy en Brasil donde hay como 200 millones de personas. “Las rutas nos unen” dicen en la 281 de Puerto Deseado Argentina. Rodrigo cruzó la puerta con los ojos abiertos al máximo y gran sonrisa. Nos dimos un gran abrazo y nos mirábamos sin poder entender esta extraordinaria coincidencia. Detrás de él, Adriano apareció también y luego también Joao a quienes yo conocí en Puerto deseado.
Y si, por increíble que parezca, a nosotros los Motoqueros, misteriosamente, “las rutas nos unen”, nos unen mucho mas de lo que algunos suponen.

Sudamérica en Moto
"De la mitad del mundo, al fin del mundo" 
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(CONTINUARÁ MUY PRONTO)